Vivimos en una suciedad, y digo bien, suciedad, en la que nos sentimos engañados los jóvenes de finales del 60 y principios del 70. Esto que para alguno puede parecerle lo mejor del mundo, a mi generación en su mayoría, se nos antoja una estafocracia a la que, sin desear, contribuimos. Detectamos seguramente por error que, se nos ha transmutado esa democracia ansiada por una oligarquía con piel de estafocracia, aglutinadora en sus más altas magistraturas de lo más estúpido e incapaz de nuestra sociedad. Esta suciedad que nos hemos otorgado, surgida de un descontento generalizado, fruto de una ignorancia supina, respecto de conocimientos políticos, allá por los años setenta del siglo pasado, en la que, cuando éramos jóvenes, corríamos a golpe de palo de los “grises” gritando sin que supiéramos muy bien su significado, aquello de “España mañana será republicana” una y otra vez.

Nos decían que, fue en la fase republicana cuando los españoles alcanzaron mayor libertad y que debíamos recuperarla, claro que, prontamente supimos por otros medios que la verdad era muy distinta; pues resultó que los mismos sujetos andrajosos que nos informaban y se aprovechaban de ese analfabetismo impuesto en los colegios sobre aquella barbarie, eran los continuadores y herederos ideológicos de aquellos que nos llevaron a una cruel guerra fratricida, entre otras causas por la comisión de los múltiples asesinatos de personas inocentes cuyo gravísimo delito, era que, pensaban de otra forma distinta a la de la izquierda radical, englobada entonces como ahora, en una multitud de partidos, todos con el mismo fin…la destrucción de los otros para continuar con la propia; vamos lo que se podría denominar una gangrena social. Cierto es, que había una asignatura en el cuarto curso de bachillerato del plan 1954, que, con el rimbombante título de Política, nos era impartida en todo el territorio nacional; no era otra cosa que, una compilación de cuentos infantiles como el principito, cartas de un padre a un hijo y cosas semejantes con las que se justificaban aquellas autoridades sobre el aperturismo de la época.

Nuestro ideal iba más allá, nuestra nueva sociedad, la pretendida por aquellos chavales que salíamos a las calles con muchas ilusiones; la percibíamos como un medio de cohesión, un modo de vivir y desarrollarse de forma exógena y por supuesto endógena. Si, recuerdo aquellos años con orgullo y nostalgia, queríamos cambiar lo que nos tocó en “herencia”, aquello que no nos daba “libertad” ni la posibilidad de elegir nuestra forma de vida, ni podíamos optar a tener unos representantes procedentes de tu voluntad, ni tan siquiera podíamos insultar, dañar, delinquir, o tantas y tantas atrocidades como se hacen hoy día impunemente porque, había una ley y unos jueces que nos castigaban, aquella falta de libertad trastocada hoy en libertinaje, sin saberlo, era lo que años más tarde echaríamos de menos. Decidimos que aquellos viejos de entonces no sabían lo que era la libertad, aunque muchos de ellos la habían “vivido” en el pleno esplendor del 34, donde la vida del “otro” valía menos que una hoja de otoño, pero bueno, nos decíamos intentando convencernos ¡aquello no volverá a pasar! las hordas, las funestas y criminales hordas ubicadas en un sector “político” que junto con las religiones ha causado millones de muertos en el mundo, (y continúan haciéndolo) que ha cercenado la libertad de sus desgraciados habitantes, que ha endiosado al inútil, aunque eso es común para muchas naciones, sobre todo latinas, habidas y por haber, no se volvería a dar, pues como centinelas de piedra estaríamos expectantes para que, a la mínima que asomara el menor atisbo de este barro letrinero, tiraríamos de la cadena para que el agua los arrastrara al pozo ciego de procedencia, pero lo haríamos a nuestro modo, con leyes y argumentos, no al suyo, con asesinatos, encarcelamientos y terror, un terror que como una segunda piel siempre te acompañaría, un terror superior a la propia conciencia de la que esta ideología carece, queríamos vivir en paz y con paz, no en continuos altercados callejeros, inseguridades, miedos, desgracias, con la puesta en práctica de unas libertades que sonrojan al más atrevido, con sus ideas de tribu donde se pierde lo poco que les debe quedar de ética y moral, factores humanos, etc., como tuvimos en el pasado y tenemos en la actualidad, con aquellos mentecatos que vendían una burra que ni la entendían y mucho menos la practicaban, ¡todo lo contrario democracia en los países comunistas! ¿Cuándo? ¿Dónde?, solo miedo, atrasos, pobrezas sin límites, odios, rencores donde la vida no vale nada, ¡eso no volvería a pasar!… ¡éramos unos ilusos!

Esa “política” llamada de ultra izquierda, vuelve a levantar banderas de sangre en ese barranco de aguas pútridas de donde procede, y nos arrastra hoy al igual que ayer a una suciedad inestable, indecorosa, irrespetuosa y sobre todo delictual, aplaudiendo lo que el sentido común rechaza, y las leyes condenan, bebiendo los caldos del sufrimiento de los inocentes de los que tramposamente se alimentan. Si en su momento se tomó la decisión de erradicar a los ideales de la extrema derecha, ¿Por qué no se hace lo mismo con la extrema izquierda? Esta última infinitamente más delictual en cualquiera de sus estadios, tanto a nivel representativo como de base, haciendo bueno el viejo dicho por acción o por omisión, de “cada cual es partícipe (se identifica) de lo que defiende” o “dime con quién andas y te diré quién eres” y estos no solo andan, sino que, justifican y apoyan delitos execrables como el asesinato, el robo y la extorsión, pruebas de ello han dado a cientos en su corto trayecto “político” esta gangrena deben ser cercenada por las leyes. No existe ningún país con aproximación democrática que albergue a estas víboras samaniegas, son las clásicas serpientes del paraíso, su desaparición dará estabilidad a una sociedad realmente libre y justa.

Una cosa absolutamente inútil es la política y los partidos políticos, no valen lo que la impresión de este documento, sus gentes, en un porcentaje preocupante, fulanos de mala estirpe la utilizan para su propio beneficio en todos los sentidos, sin que haya justicia social o penal que los incrimine y cuando esto ocurre, sus sentencias son absolutamente irrisorias. Ejemplos no creo que haga falta hacer constar, partidos que rápidamente acuden a nuestra mente, unos viejos y otros recién  creados manchados todos de esa tiña, galopan entre los pobres desahuciados mentales que, ponen su esperanza en esos jinetes de la apocalipsis, cuyo beneficio no coincide con los suyos, pero que, los necesitan para alcanzar sus planes, dando monstruos como en esa cada vez más perdida Cataluña cuyos politicastros de medio pelo mienten, estafan, delinquen (según los textos legales vigentes) y siguen sustrayendo historia, derechos y territorios a sus legítimos poseedores, bajo el paraguas de una justicia inútil y un gobierno tanto o más inútil que, la labor de esos desdichados incapaces de poner orden en un país al que se le ha encomendado la desagradable, en ocasiones, impartición de justicia. Adjudicaciones bolsilleras, inmovilizan aquellos que sí quieren ver las cosas en orden y ley, postergándolos a destinos irrelevantes para no “entorpecer” a traidores y cobardes que gobiernan. Ahora se pretende derogar la ley de Seguridad Ciudadana, ya de por sí muy dulce para con los delincuentes, porque estorba a aquellos que la justifican y a sus ángeles custodios que la potencian continuamente. El parlamento o el gobierno (a quien toque), la derogará prestando un flaco favor a la sociedad, pero eso sí, dando pábulo a los que precisamente se ven afectados por ella. No es la ley la que hay que derogar, sino ilegalizar a los que la transgreden e inculcan a sus esclavos de encefalogramas planos en perjuicio de una sociedad cada día mas huérfana y abandonada

Una sociedad madura no necesita de estos petimetres, mentecatos, charlatanes de feria y liantes que las arrastra a enfrentamientos globales por intereses particulares, y con ellos a instituciones que debían ser el espejo del ser y sentirse español, espejo en las que se miran otras que comparten lengua e historia, me refiero a las sacrosantas reales instituciones académicas que últimamente no dan ni una con sus gratuitas definiciones o aportaciones históricas en lo referente a la sangrante Cataluña y sus rufianes a las que les conceden graciosamente (?) una identidad que no tuvieron, ni podrán tener, porque, el Ser que no ha Sido, difícilmente Será. Esto que puede parecer un soliloquio de Shakespeare en su Hamlet, no es otra cosa que un plagio del inglés a un filósofo de la antigua Hélade llamado Parménides, otro gigante a desmontar. Inglaterra está a rebosar de estos conceptos exógenos a su cultura. Una víctima de esa faceta es Córdoba, sus filósofos y polímatas desde la antigüedad: Séneca y Osio o entre los medievales, Abraham Ibn Daud, Ibn Hazm, Averroes, Maimónides, Fernando de Córdoba, etc., donde se estudiaba al polímata Avicena padre de muchas de las identificaciones médicas, hoy conocidas con nombres bárbaros que se apropiaron indebidamente de ellos.

Estos innecesarios ejemplares se les llena la boca en cada campaña con el mismo sustrato que incumplen continuamente, siguiendo la doctrina de otro de ese mismo patrón, Winston Churchill, “al pueblo no le puede otorgar todo lo prometido en campaña, porque para la siguiente, no habría ya nada que ofrecer” como se puede ver, esta clase no es patrimonio de un país o una cultura, sino que va implícita en el ser humano como decían los griegos, “no hay nada más corrupto que el poder”, de ahí que lo controlaran en extremo y limitaran su autoridad y tiempo. Analizando someramente y muy por alto algunas de sus peculiaridades, expongo un -0,5% de sus necedades… ¿necedades?, tal vez no sean tantas como les otorgamos. Siguiendo una famosa frase de Jules Renard, definía a la práctica de los políticos diciendo que: La política es un juego sucio de compadres.

  1. Solo se ponen de acuerdo cada año con un solo objetivo, ¡subirse, no su sueldo, sino sus alegales prebendas que son infinitamente más sustanciosas! Cuando se trata de dinero, todos son de la misma religión.
  2. Ninguno ha luchado ni ha puesto sobre el tapete, la situación de las viudas que pierden, además de un ser querido, los ingresos necesarios para su sostén, quedando con un escueto 53% a todas luces insuficiente.
  3. Sus privilegios atentan directamente contra las disposiciones de la Constitución, en grave detrimento del resto de españoles. No hay ningún Partido que ose tocar ese apartado tan importante que nos diferencia y nos sitúa en un plano inferior al resto de esta caterva.
  4. Para cuando se obligará a los “políticos” a tener un mínimo de preparación cultural que contribuirían a evitar payasadas como las recientemente vista en el BOE (reyes catalanes) y soportadas desde las dulces reales academias que, están sostenidas por la Caixa, la cual, con su gran acervo cultural, es sospechosa de arrimar las ascuas a su sardina en medio de una apatía generalizada de los supuestamente responsables de ellas. Relaciones internacionales y política, deben ser asignaturas obligadas para desempeñar magistraturas que nos afectan a todos y dejarse de utópicos derechos o pseudos libertades que se identifican plenamente más el libertinaje, ofreciendo espectáculos lamentables y deplorables que avergüenzan a los ciudadanos de bien y solo satisfacen a la tribu.
  5. Se preocupan muy mucho de aquellos, no segundones, sino terceros y cuartos, hombres de paja que hacen el trabajo, digamos… menos agradable y que tras una tibia condena disfrutan más que penan su estancia en las cárceles, (cuando ingresan) para que sea cómoda, fructífera y les sirva para sus currículos a la hora de mostrar sus sacrificadas heridas a estilo romano (se rasgaban la toga viril para mostrar sus heridas en combate) en beneficio del líder por del partido, cosa que les debería dar vergüenza si la tuvieran.
  6. No se ha tenido en cuenta con la contundencia debida, el maltrato y agresión a las mujeres, como tampoco su paridad con el hombre en cualquier campo, ya laboral, ya social o simplemente económico en cuanto al percibo de haberes.
  7. Todos una vez alzados, eluden las responsabilidades penales que sus comportamientos en algunos casos, los hacen merecedores, mutándolas por las responsabilidades políticas que en definitiva recuperan al poco tiempo con los estigmas del sufrimiento por ¡el líder o el partido!.
  8. Las formaciones políticas concurren a los comicios con un programa electoral, una oferta a los ciudadanos. Hasta qué punto esta oferta vincula a los electos es algo que la jurisprudencia ha tenido que plantearse ya desde la STC 10/1983. Como se ha ocupado de señalar laSTC 119/1990: “…quienes han sido elegidos para el desempeño de funciones representativas (…) han solicitado y obtenido el voto de los electores para orientar su actuación pública dentro del marco constitucional en un sentido determinado (…) Los Diputados son representantes del pueblo español considerado como unidad, pero el mandato que cada uno de ellos ha obtenido es producto de la voluntad de quienes los eligieron determinada por la exposición de un programa político jurídicamente lícito (…) La fidelidad a este compromiso político, que ninguna relación guarda con la obligación derivada de un supuesto mandato imperativo. No están obligados a cumplir lo prometido en campaña, eso solo tiene un nombre ¡estafa desvergonzada!

(http://www.congreso.es/consti/constitucion/indice/sinopsis/sinopsis.jsp?art=67&tipo=2). Estas subjetividades consolidan lo que el pueblo llano ignorante de estos acuerdos y sujeciones determinan como engaño. Si alguien te dice que te dará o hará tal cosa si lo votas en base a sus promesas y llega a ser elegido, el no hacerlo es simplemente una estafa, el resto son palabrerías de charlatán barato.

Herodoto realizó un estudio comparativo y diferenciador de los conceptos de democracia, oligarquía y monarquía, quizás esto nos ayude a distinguir bien esta falsa democracia de la que “gozamos” hoy día, cuya síntesis se acomoda más con una oligarquía (sin distinción de credos) que con una  dēmokratía real, donde ciertos seres espurios no tendrían cabida vide: http://www.historicumstudiaragonum.es/comentario-a-un-texto-de-herodoto/

Tenemos la obligación moral de dejar en herencia a nuestros siguientes, una sociedad limpia de estos depredadores incensarios que, luchan y hacen luchar a sus acólitos para aumentar su preeminencia e influencia personal. Un buen ejemplo es Cuba lo que fue y en lo que lo convirtieron estos seres cuya sublime ignorancia alzan a este país como modelo de su barbarie enfatizando conceptos antagónicos a su significado, dicen que una imagen vale más que mil palabras, véase el adjunto y cotéjese con el actual. https://youtu.be/z3L5t8MZxlU/

Esto es políticamente hoy este país, que ya no sé ni cómo llamarlo. El estado de derecho sacra piedra que debería permanecer incólume a los desvaríos de estos pseudospolíticos, es papel mojado, donde se secan las manos los Pilatos de hoy para recibir sus premios por los de siempre, gobiernos traidores y pusilánimes, cuando no inductores, dan pábulo a lo que entre sus filas muchos rechazan. No se puede decir que estos analfabetos de cartera ministerial, en un porcentaje más que preocupante a tenor de sus temibles decisiones, se ocupen de otra cosa que no sea su bienestar y asegurar su futuro. Sentencias peregrinas se dan a diario en los juzgados, las últimas como la sentencia de Huesca, seis años por el asesinato del Guardia Civil, su autor, un gitano rumano, hoy en libertad una vez pagada su pesada deuda con la sociedad, o la del español condenado a 17 años por dar muerte a un refugiado argelino, por no mencionar el terrible castigo (tres años de inhabilitación osea, vacaciones pagadas a quien debería haber sido expulsado y encarcelado por traición) al juez perjuro que confeccionó la constitución catalana, por no hablar del foráneo conductor ebrio que, atropelló a dos ciclistas causándoles la muerte, el cual se le condenó con otra terrible pena, su seguro abonó seis mil euros y quedó en paz con la prostituida justica y los familiares de los finados llorando sus penas e impotencias merced a las injustas decisiones de la caterva; entre otras sentencias que alarman más que satisfacen a la sociedad, la cual no entiende las distintas varas de medir que existen en ese hipócrita estado de derecho, hay que acabar con este sistema tan injusto.

No todas las sentencias llegan a la prensa que, lucha como David contra un Goliat, sordo, ciego y mudo, pero las que llegan nos hacen llorar. Esto resueltamente vergonzoso, es la única institución que sí merece la pena potenciar, conservar y multiplicar pues, en teoría y digo bien, solo en teoría, velan por los derechos de los españoles… ¿españoles?, perdón, digo mal; velan por los derechos de banqueros, políticos, y los mal llamados ahora refugiados, o alguien sigue siendo tan ingenuo para pensar que la “justicia” es igual para todos, en tanto que el resto, el común, osea tu o yo, es pasto de las llamas de la ejemplaridad que debe prevalecer para paradigma del resto del rebaño, que, por cierto, es el que sostiene a la caterva anterior incluido a esos mentecatos de libre opinión que tanto daño hacen.

Una asignatura pendiente sin lugar a dudas, es la Justicia, divorciada de las leyes desde hace ya, muchos años y prostituta barata de los actos que en principio debería castigar en las personas de esos malhechores. Demostrado está que esas peregrinas sentencias están sujetas mas al ideal político del artista, que a la aplicación de una verdadera justicia de otro modo no se comprendería la enorme disparidad que existe de una sentencia a otra con un mismo sustrato delictual. A estos funcionarios hay que limitarlos nadie debe estar por encima de la ley y la justica emanada de ellas, debe ser aplicada por el pueblo no por los galímatas, etimológicamente este término procede de san Mateo. “En el comienzo de su obra Mateo el Evangelista lo hace de una forma embrollosa, describiendo la genealogía de una manera que si el lector pierde el hilo puede llegar a liarse y no entender situaciones ni personajes. De ahí que comenzase a utilizarse la expresión ‘galimatías’ (según Mateo) para describir ese tipo de escritos de lenguaje lioso e ideas confusas” (dato tomado de Alfred López). Una verdadera justicia debe estar absolutamente despolitizada, es cierto como también lo es que, deben ser juzgados sus autores cuando delinquen moralmente contra hechos de alarma social, caso del concejal podemita (curiosa coincidencia con la alcaldesa de Madrid y su pasado como juez, y es que los amigotes son los amigotes) de Madrid, aquello de estar sujeta sus sentencias solamente a su criterio, sin que se pueda apelar la responsabilidad sobre sus actos con garantías, es una cojera enorme para ella misma. Sucede otro tanto con los médicos, el cementerio está lleno de sus errores y las denuncias rara, muy rara vez se contemplan por esta jauría cómplice necesario de los homicidios cometidos en ocasiones por absoluta negligencia.

El tribunal popular debe sustituir a esa decisión final del funcionario que afecta directamente a la víctima. Este funcionario, que no es otra cosa, debe solo penar lo que exija la ley, en el tramo que establezca, pero de ningún modo puede juzgar puesto que es una enorme contradicción que, un funcionario llamado juez, al servicio de un estado que le paga, (independientemente de su sometimiento al imperio de la ley) entre en controversia o connivencia con un fiscal que dice representar los intereses generales de la población, algo más que discutible, su decisión interesada o no, daña como lo hace el descuido del paciente en los hospitales o la mala praxis de esos “galenos” dueños prácticos de vida y hacienda, pues no son pocos los arruinados por consejos y sentencias injustas que indefectiblemente llevan a un destino ya marcado. Todos estos trasgresores, deben ser castigados sin contemplaciones en sus responsabilidades. Hasta que no consigamos que esta justicia sea:

  1. Libre de atenazamientos, absolutamente despolitizada
  2. Limitada sus decisiones a la sentencia popular y aplicando lo que la ley dispone
  3. Responsable penal como cualquier otro ciudadano por sus errores
  4. Controlada exhaustivamente los procedimientos de estos funcionarios
  5. Actualizada tanto en medios humanos como materiales

Teniendo en cuenta que el único pilar básico y mucho más que necesario que permite la convivencia entre gentes de distinto credo, debe ser ejemplar, justa y meritoria, lejos del libre albedrío, caprichosa, irresponsable e interesada en que se halla hoy, dando esa sensación al que tiene la desgracia de acudir a ella.

La Constitución, en el artículo 117, declara que los jueces y magistrados son independientes y responsables. Les reconocen la libre interpretación de las leyes y su sometimiento al imperio de la ley lo que les otorga una independencia absoluta en sus decisiones que solo un tribunal formado por ellos mismos castiga cuando cometen una falta, porque ellos nunca delinquen… al parecer, algo similar a los médicos, ambos gozan de impunidad en la inmensa mayoría de los casos. Esto es lo que hay que cambiar, no la constitución como se pretende, sino las leyes menores que son las que amplían e incorporan estos desajustes profesionales, esto es una barbaridad extrema en una sociedad como la actual. La independencia se asegura en las leyes orgánicas y ordinarias y en otras disposiciones que establecen el estatuto jurídico de los jueces y las garantías de la misma. Siendo ahí donde se debe modificar el estatus de estos funcionarios. Decía Giovanni Papini “Es preferible una injusticia a un desorden; el desorden es la injusticia misma”.

Sí realmente queremos vivir en una sociedad que se aproxime a una democracia real y justa lo primero y más urgente es actualizar la Justicia, tan perdida hoy en el sentir de nuestra sociedad.

A mi entender debería ser de la siguiente manera:

  1. Puesto que es el elemento tectónico que sostiene un pesado techo como es la convivencia de distintas personas con distintos credos y distintas formas de comportamiento, debe estar al servicio de ese techo, dinamizando facilitando esa convivencia entre ese grupo tan heterogéneo al que pretende servir, cosa que en la actualidad no se contempla. Para ello esta debe disponer de Corpus Legislativos con las infracciones y delitos bien determinados con penas que no permitan la ambigüedad como las actuales, donde un mismo delito se puede castigado con sanciones que oscilan entre los seis a meses a diez años, quedando al libre albedrío del funcionario penar con uno u otro.
  2. Esa Justicia naturalmente que tiene que estar bajo las directrices del gobierno del estado, puesto que ese gobierno representa a la ciudadanía que al mismo tiempo sostiene y debe ser controlada por esa justicia a la que le facilita ese Corpus supuestamente dimanante del sentir popular. Ello no implica su intervención que quedaría anulada por otros controles.
  3. La Justicia que emana del pueblo como las leyes, teóricamente claro, debe ser castigada por este y no por un funcionario que sujeto a sus ideales políticos o sociales y en muchas ocasiones irresponsabilidades, genera con sus sentencias monstruos que despegan a esa sociedad de ese servicio tan importante que sostiene con sus impuestos.
  4. Las sanciones naturalmente las dictará un juez, (funcionario público) de la culpabilidad o inocencia, será un tribunal popular la que las dictaminen, puesto que es ese tribunal que representa a esa sociedad la que ha recibido el daño y la que en justicia castiga al culpable. El juez mero funcionario solo se tienen que ajustar al Código Penal (leyes gubernamentales) o al que se trate y aplicar la pena que en él se señala. Es una absoluta aberración que algo tan importante y vital en una sociedad que pretende ser democrática, como es la libertad de movimientos o las sanciones pecuniarias tan gravosas en casi todas las ocasiones, queden sujetas a la opinión o libre albedrio que, no es otra cosa, de un funcionario que ha estudiado una carrera, que como ser humano está sujeto a als influencias sentimentales propias y externas en función a sus ideales, educación o apetencia. Se le adjudica un endiosamiento perpetuo, llegando al punto que cuando comenten sus delitos son juzgados por ellos mismos con penas irrisorias que ridiculizan esa sociedad a la que dicen servir, nunca ejemplarizantes ni correctoras, sino medidas para salir del paso, justificando para sí y el resto ese espurio endiosamiento. Un juez u otra persona, no puede quedar solo para juzgar a otra bajo su propio criterio y en caso de responsabilidad bajo el imperio de la ley a la que se le reconoce la libre interpretación y por ende adjudicación de la pena, eso debe desaparecer y ser juzgado por ese tribunal popular que debe destituirlo, encarcelarlo o absolverlo, según el caso que se contemple.
  5. El tribunal popular debe ser elegido libremente y de forma anónima entre los habitantes de la población (si hay quorum) donde se ha sufrido el daño, en un número siempre impar, para aquellos delitos que supongan una pena superior a dos años según el Código afectado donde vendrá explícitamente incorporado, para el resto la decisión de un juez podría ser suficiente.
  6. En estos casos de delitos “menores” y en base a su alerta social en esos textos correctores debe figurar un apartado en el que será también la sociedad la que castigue y no el funcionario de turno.
  7. Estos funcionarios no tendrán ni voz ni voto en la aplicación de las sentencias que corresponderá siempre al tribunal popular cuando estos intervengan.
  8. Funcionarios no electos públicamente que empero tiene la potestad falsamente democrática de estar por encima de la propia voluntad popular, ¡algo inaudito!, no representa una buena salud para una sociedad que se rija por estos dictados que convierten a la libre elección de dirigentes políticos en hombres de paja, otra mentira más de esta estafocracia.
  9. Esto agilizaría la justicia además de abaratarla y no ser tan penosamente costosa para obtener sinsabores continuos con sus peregrinas o perennes en ocasiones sentencias.

Yo no luché en mi juventud para contemplar en lo que se han con vertido mis sueños y el de todos aquellos ilusos que pretendíamos una sociedad y esta vez digo SOCIEDAD en la que los valores reales afloraran en cada uno de nosotros como lo hacen los sentimientos. Esta queja que apabulla al alma, debe ser tomada como lo que es, una libre expresión de un sentimiento, realizado, eso sí, a toda prisa, antes de que también se derogue esa libre expresión que tanto satisface a la parte oscura de la sociedad. No va dirigida contra nadie en concreto, si alguien se siente identificado con este artículo deberá revisar sus ideales o por el contrario confirmarlos. Las propuestas expuestas aquí son muy necesarias, aunque su reglamentación no me corresponde a mi señalarlas, pero sí su organigrama pues yo pago y por lo tanto reclamo. Yo he cumplido mis deberes, ahora que me devuelvan mis derechos. Después de esto, para satisfacción de los pobres de espíritu identificados con este panfleto que deseen “justa venganza”, solo les cabe una vez más algo tan habitual en este país como es. . .  matar al heraldo.

Zaragoza a 27 de noviembre de 2016

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