Amanece el pasado

La portada tiene mucho que ver con el interior del libro.
En principio se nos ofrecen unas huellas sobre las arenas de un desierto, que conducen a un final insospechado, temido y deseado al mismo tiempo, agrio y amargo, con ese suave y dulce sabor, que en el guerrero produce, la constante incertidumbre.

Agotado

Descripción

Las huellas, simbolizan el periplo de ese padre que parte en busca de su hijo, al que considera en grave peligro. Se autoculpa de la desgracia que haya podido ocurrirle, al haber recriminado con demasiada dureza su curiosidad, peccatum mundi. Cree que éste en respuesta a su desconsideración, se ha reclutado en la leva habida en la población recientemente, con el solo propósito de demostrar a su padre, que ya es un hombre.

El desierto encarna la soledad. Esa soledad del alma peccatum spirituale, que le acompaña en su travesía y lo convierte en un ser cruel, que va perdiendo los valores humanos, en la media que pierde la esperanza. A cada paso, un fracaso, a cada paso, se le ennegrece el alma.
En tanto divisa en el horizonte un extraño sol, metálico, negro, que lejos de cegarle, le lleva a su colofón, peccatum anima. No es otra cosa que el retorno forzado a ese pasado, que desea olvidar por encima de todo. Pasado, que le persigue sin piedad. Es un hombre marcado por el destino, que juega con él a su antojo y cuyo zarpazo logró evadir…en tiempos pretéritos.

Empero, todo ello, constituirá, la gloriae victoris.

 

 

 

 

Comentarios

Todavía no hay comentarios.

Añadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

diez + siete =

A MODO DE PRÓLOGO

Esta es una historia que bien pudo darse en aquel medievo ya tardío que bebía de las nuevas fuentes del aperturismo renacentista, pero que arrastraba aún la pesada losa de la época para algunos oscura. Se trata pues, de una historia novelada en contraposición a las novelas historiadas. De una historia cargada de humanismo, de aventuras, de búsquedas de lo etéreo, intrigas y todo tipo de ingredientes aderezados con citas históricas reales, se ubica en una época importante para el reino de Aragón; el periodo entre la reciente supresión de La Orden de los Templarios y las guerras de Córcega y Cerdeña, con incursiones en los conflictos contras piratas turcos que asolaban las costas del reino, además de las razzias fronterizas y reyertas señoriales.

Se desarrolla en el viejo reino de Aragón sobre los fértiles llanos del Jiloca, en las estribaciones de la sierra Pelarda, en la villa de Torrecilla a la que el rey Jaime I el Conquistador, en 1248 de mal recuerdo para este reino, incluyó en La Sesma de Barrachina, liberándola de la tutela de Daroca.

Esta historia sucedió a los catorce años de la desaparición formal de La Orden del Temple, con la promulgación de la bula Vox in Excelso. Uno de sus miembros se refugió entre los muros de una casa de pastores con un especial vínculo a su persona en el pasado reciente. El dueño Oveco, había sido también miembro de la orden, aunque en la categoría de Sargento, de ahí que el impacto fuese menor, no por ello carente de estigma. Una nueva vida planteada y llevada con el mayor sigilo sobre su pasado dio frutos armoniosos. Nuño se casa con Guiomar, la preciosa y codiciada hija de Oveco, de esa sagrada unión nacen dos hijos, Suero y Magdala, que culminan el amor y respeto que se respiraba entre aquellas humildes paredes de adobe y tapial, donde el viejo Oveco ejercía de patriarca amigo y servidor de todos y para todos. La felicidad era completa y nada ni nadie iba a estorbarlas, habían pasado catorce años de la atroz persecución, de las terribles torturas y del pánico a los injustos castigos.