EL CONDE-DUQUE DE OLIVARES

Elliot. Jhon H uno de los mejores hispanistas ingleses, propone en su obra, El Conde-Duque de Olivares, un repaso sobre la vida y obra (1621/1643), de este prócer realizando una amplia visión de los acontecimientos políticos, económicos y sociales, que se sucedieron en los territorios españoles. Nos descubre a un primer ministro duro, sombrío, austero, extremadamente religioso y calculador, con una idea fija: la renovación de la monarquía española. Deja claro que no es una biografía de Olivares lo que desea reflejar sino, su carrera ministerial.

Realiza una rápida visión de conjunto de la España anterior a la época de Olivares y de su formación educativa, lo que más destaca en la obra, es la interpretación de la lucha política llevada a cabo por el Conde-Duque, para llegar a su objetivo, que era devolver la hegemonía perdida en Europa a la monarquía hispana.

Presenta a D. Gaspar de Guzmán, Conde Olivares y Duque de san Lucar la Mayor con dos grandes fijaciones en su vida: una personal engrandecer su casa, que se vería truncada por la muerte de su hija, y otra política restaurar y afirmar el poder real. La carrera ministerial de Olivares puede interpretarse como una lucha tan prolongada como infructuosa por descubrir las respuestas justas que evitasen la galopante decadencia en la que se hallaba inmersa una corona tan poderosa como estéril dado el comportamiento de sus titulares.

En los años 40 Marañón escribió una biografía del Conde-Duque en la que aporta pocos datos, esta obra está básicamente compuesta por documentos y epístolas memoriales del Conde-Duque procedentes de numerosos archivos tanto nacionales como extranjeros.

Nace D. Gaspar el 16 de enero de 1587 en la embajada de España en Roma. El cardenal Aldobrandini (futuro Papa Clemente VIII) ofició su bautizo concediéndole una Canonjía de la Catedral de Sevilla, (su padre aspiraba al ducado de Medina Sidonia). A principios del siglo XVI, las crecientes necesidades militares y administrativas de la monarquía en una época de guerras y expansión territorial, crearon numerosas posibilidades de acumular servicios y mercedes.olivares

En el 1622 Olivares acepta una plaza en el Consejo de Estado ofrecida por el Conde de Monterrey, donde declina aceptar la responsabilidad de gobierno ante su estructura formada por el triunvirato de Montesclaros, Mexia y Girón. Su fuerte personalidad le empujó a ocupar el centro de la escena política; las profundas discusiones que sostuvo con el Nuncio se du Santidad acerca de la Valtelina, supuso un aumento de su influencia en el Consejo de Estado.

Una de las primeras áreas en las que Olivares se puso a trabajar fue en el sector naval. La Junta de Armada, comisión especial encargada de los asuntos navales, fue resucitada bajo la presidencia de Olivares en 1622. Los planes de revitalización del poderío naval español corrían parejos con los proyectos de fomento del comercio, trató de implicar a todos los estamentos en su desarrollo incluso a los sectores de la nobleza a los que recriminaba su absentismo. Su gobierno tenía que ser por fuerza activo e intervencionista con una filosofía inspirada en el papel primordial del Estado y en la necesaria gestión de recursos humanos y económicos que permitiese su fortalecimiento.

Autoritario por principios, mercantilista por convicción, Olivares publicó en 1623 los Artículos de Reformación por, el que se abría a las Provincias de Sur (Países Bajos) la posibilidad del comercio con las Indias, reservados a Castilla pero este proyecto fue rechazado ante el peligro de una participación encubierta de los holandeses.

El rey le tenía en gran estima colmandolo de mercedes y rentas que él empleaba pagando sus deudas y engrandeciendo su casa, colocándola entre las más grandes de España. A través de una serie de alianzas matrimoniales logra aumentar el prestigio de su solar, compensando con ello, los agravios sufridos por los Duques de Medina Sidonia. Felipe IV

El concepto generalizado en la Corte de su persona y de su obra política, era el de un ser ambicioso y autoritario, que para lograr sus fines, se valía de su poder y de su influencia. Sus grandes proyectos políticos y económicos, la Unión de las Armas y el amanecer del Rey Planeta, donde por el primero pretendía unificar y gobernar (al modelo de Castilla), a todos los reinos de la monarquía, no fue acogido de la misma manera por todos ellos, ya que la mayoría no estaban dispuestos a perder sus fueros y libertades, entendiéndose como tales a los dos estamentos que gozaban de ellas Clero y nobleza. La decadencia económica, social y política, en la que entró la monarquía hispana durante su mandato, quizás sea lo más marcado de la época de su gobierno. Con su segundo proyecto pretendía hacer de Felipe IV, un rey astuto, modelo retrotraído de Fernando el Católico, el más grande rey de España; debía conseguir la gloria y los triunfos de Carlos I, y la prudencia de su abuelo Felipe II, para ello utilizó las artes (especialmente la pintura), consiguió tener un rey muy instruido y culto pero, muy alejado de la realidad política de su tiempo.

Un mejor gobierno significaba para Olivares una monarquía más fuerte, una vez lograda la restauración, para lo cual creó la Junta de Restauración, la monarquía española podría ver realizados los altos fines que justificaban su existencia: «la expansión de la religión católica», y el reconocimiento de los demás reinos europeos de la hegemonía hispana.

La palabra «Estado» ocupaba un lugar poco predominante en su vocabulario, aunque hablara de «razón de Estado» o de «asuntos de «Estado», no pensaba en el Estado como una entidad; veía en la figura del rey la encarnación de todos los poderes públicos. Tenía una astuta percepción de los puntos débiles y fuertes de las personas que implicaba en sus maquinaciones, así como una gran capacidad para el engaño. Durante sus años de estudio en Salamanca, aprendió retórica, rasgo característico del estilo de su gobierno, con discursos y memoriales extensos.

No se equivocaba al pensar que la clave para la paz en Europa, pasaba por un pacto con el Imperio, que garantizara la seguridad de los príncipes luteranos, y con ello el pluralismo religioso pactado en virtud de la paz de Ausburgo, ponía demasiadas esperanzas en el Emperador, y le costó tiempo admitir que los intereses de Viena no eran los mismos que los de Madrid. Hacia la mitad de su mandato por primera vez Olivares consideró abiertamente una retirada de los Países Bajos, aunque de forma incompleta si hubiera hallado el modo de establecer el equilibrio entre las Provincias Unidas y las Provincias leales del sur.

Olivares dominaba la corte y el Consejo de Estado, dirigía las negociaciones con los embajadores extranjeros y la política interior. No era partidario de la guerra de expansión » … no se necesita expansionarse más, sino un mejor gobierno … «. La Unión de las Armas programa creado para la ayuda mutua entre los diversos reinos de la monarquía, en un momento en que todos los enemigos de España estaban en pie de guerra, no dio los resultados esperados. Su plan era un fin, pero además, un medio para lograr la plena integración de los distintos pueblos y reinos de la monarquía. Durante todo su ministerio fueron dos las consideraciones que guiaron su política con respecto a las provincias periféricas: una eran integrarlas más con Castilla y otra movilizar sus recursos hacia esa Unión. las guerras sostenidas en Europa más que guerras de la monarquía española, eran guerras de la Corona de Castilla, al ser ésta la que acarreó con todo el peso y consecuencias de la misma, el resto de Estados si bien contribuían para su sostenimiento no fueron víctimas del expolio dinerario y humano que sufrió Castilla.la_rendicio_de_breda_velazquez

Una falta de autoridad en cualquier territorio de la monarquía, tendría graves repercusiones sobre el resto. El aumento constante desde Madrid de la presión fiscal, sometía a una tensión excesiva la lealtad debida al Rey, dando pie a la posibilidad de mostrar una mayor lealtad a una comunidad idealizada, con mayor peligro en aquellas comunidades cuyo sentido de identidad colectiva se veía reforzado por la existencia de unas leyes, libertades y fueros, que restringían las posibilidades de intervención por parte del poder central. Lo que Olivares pretendía era la unión, pero al modelo y leyes de Castilla (sumisión absoluta a las decisiones del rey). La regeneración de la monarquía española pasaba por la regeneración de Castilla, cabeza y corazón de la misma. La debilidad de la economía castellana, junto con la escasez de recursos humanos, había empezado a producir importantes cambios en el equilibrio interno de la monarquía, se debía incentivar el crecimiento económico, y se debía de racionalizar los recursos.

Olivares prefería actuar, tanto en los asuntos militares como civiles, a través de organismos y juntas, formadas por pequeños grupos de ministros expertos en cada materia. Gastaba mucho tiempo en los asuntos monetarios, debido a que el mantenimiento de los numerosos ejércitos y armadas españoles, dependían por completo del buen funcionamiento de los asientos. El Conde-Duque cargó sobre los obispados y las órdenes militares las pensiones de todos aquellos a quienes deseaba premiar, liberando así la hacienda real. Creará la Junta Grande de Reformación, para poder llevar a cabo todas las reformas previstas en materia judicial y administrativa, además de otro tipo proteccionista. Creará también una junta de educación para imbuir en el ánimo de los individuos, las virtudes cívicas del servicio y la obediencia; todos debían someterse a la férrea disciplina.

El Gran Memorial, documento pensado por Olivares para la educación de rey, hace hincapié, sobre todo, en el gobierno de los reinos no castellanos y las relaciones que mantienen entre ellos. Olivares escribiría “… no hay Reino sin rey, ni rey sin Reino… «, en la monarquía española el rey era el único elemento unificador.

La visión de los intelectuales desilusionados y traicionados por la política seguida por el Conde-Duque, lo representa Quevedo en sus sátiras contra Olivares, un ministro tiránico, que estaba conduciendo al país a la destrucción, con su pasión de mando. Ya era hora de que el rey despertara y viera lo que estaba sucediendo, el Conde-Duque había causado la ruina de la monarquía hispana, mediante sus desastrosas innovaciones y su pésima política socioeconómica.Batalla_Fleurus_(1622)

El Conde-Duque solo sobrevivió políticamente algo más de dos años a la crisis que había contribuido a desencadenar y su estrella se eclipsa empañada por los reveses sufridos por franceses y catalanes, cuando con grandes esfuerzos trata de reconquistar Cataluña, en 1640, la campaña fue un desastre, como en tantas ocasiones no se había percatado del problema real y había fiado mucho de su futuro en el éxito de la campaña, se sintió, amenazado y vio debilitada su posición ante el rey por lo que le ofreció su dimisión en Loeches.

Incapaz de enfrentarse a la vergüenza y a la humillación de dejar el cargo, del que había llegado a pensar que era indispensable, no podía concebir como se las iba a arreglar el soberano si él. Durante más de veinte años Olivares había luchado por someter a los grandes y a la burocracia, a la autoridad real, a los pocos días de su destitución los nobles y los burócratas volvían a imponerse.

La época posterior a Olivares se caracterizaría por un cuidadoso alarde de respeto al principio de diversidad. Olivares dejó en la conciencia de los españoles, el deseo de no volver a repetir la experiencia de sus años de mandato, y la liberación de la pesada carga que representaba un ministro severo y autoritario, dispuesto a no detenerse ante nada en su determinación de exaltar la autoridad real.

Detrás del Olivares innovador se encuentra el conservador y el patriota, cuya ambición más profunda era devolver a Castilla (cabeza y corazón del reino) su antiguo esplendor que alcanzó con Felipe II, merced a la política de Fernando el Católico y su enorme visión futurista de lo que más tarde sería el entramado político de Europa. El Conde -Duque fue probablemente, el primer gobernante de la monarquía hispana que tuvo un verdadero concepto de lo mundial, su valimiento sería ocupado por su sobrino D. Luis de Haro en 1643 amigo personal del monarca, y sobrino de Olivares, que hereda además de su posición, sus títulos, ante la apatía de éste de gobernar directamente sus estados, no se puede culpar solo al Conde-Duque de la gran crisis de 1640 y la caída de la hegemonía hispana.

Desde los inicios de la dinastía, la Casa de Austria dio sobradamente claras pruebas de su incompetencia, limitándose tan solo a recoger, explotar y desintegrar el esplendor en todos los campos que de otros heredaron. Tal fue el empuje del último rey de España D. Fernando, que a pesar de los Austrias, su herencia siguió creciendo inexorablemente en todo el mundo, siendo respetado y admirado el nombre de España hasta por sus más encarnizados enemigos, ingleses y holandeses que hasta el día de hoy les causa preocupación una España en paz y solidaria, por su poderío humano. No es un temor vano, es el único país del mundo que ha permanecido en conflictos desde las guerras cartaginesas o púnicas, hasta el 1936, guerra cruenta causada por el radicalismo rojo y que tanto luto y desgracia trajo al país. Un periodo tan prolongado de paz como el actual, es muy difícil de rastrear en nuestra historia, esperemos que no se trunque con la actuación de los jóvenes políticos de ideas viejas, necrosas y absolutamente inútiles.

Zaragoza a 14 de marzo de 2016

BIBLIOGRAFÍA
IR. ELLIOT, El Conde-Duque de Olivares, De., Crítica, Barcelona 1.990, la Edición 1986

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