LA RUTA DE LOS SEPULCRISTAS

Es un evento ex novo de historias medias pertenecientes a un todo, desarrolladas sobre calles angostas y vetustas de esta ciudad que consciente o inconscientemente ha sabido preservar para los venideros, el que fue uno de los más importantes enclaves de resistencia, no ya numantina, si no, zaragozana con nombre y mérito propio, ante un agresor que nunca supo entender bien al defensor que tenía frente al cañón de su rifle y que se inmolaba aparentemente sin sentido en defensa de lo que desde un principio ya estaba perdido. La única forma de amar a una tierra, una gente, unas costumbres es a través de su historia, participando en ella los foráneos, quedamos prendados y pensamos (con escasas posibilidades de errar) que también ese mismo devenir pudo ocurrir en la nuestra. Los nativos con justo orgullo hinchan su pecho y respetan con más honor si cabe, el apellido que antes con honra y pasión llevó su ancestro.

Esa incrustación social que en ocasiones nos cuesta aceptar, pero que, inconscientemente la realizamos, formando parte de ese nuevo (para nosotros) hogar familiar que constituye la ciudad en la que vives y que has elegido pasar el resto de tu vida; arraigan con más fuerza cuando hojeas las páginas de su historia, te imbuyes en ella dejando que te invada totalmente como si de una segunda piel se tratara, que su energía canalice a través de tus venas y arterias y se distribuya hasta el último rincón formando un todo y acabas convenciéndote de que tú también perteneces de facto a ella. Esas herramientas solo la encuentras en los textos, estudios, investigaciones, son la realidad del devenir de la ciudad y sus habitantes.

Este documento de investigación surgió de uno más amplio aun por editar premio de investigación de este año de 2009. Se tradujo en una Ruta Histórica por mor de la cada vez más acendrada admiración hacia sus protagonistas, no podía de ninguna manera dejar que solo existieran en las líneas de tan prolijo trabajo, necesitaban algo más, ¡aquellas gentes merecían algo más! La piel se me ponía de gallina, sólo pensar e intentar situarme en la época y en el lugar, junto a ellos, disparando el fusil si lo tenía o acarreando piedras para la artillería o levantando mampuestos para entorpecer al enemigo o abrir profundas zanjas o … sabe Dios qué cosa; me dije que esos HÉROES debían ser al menos recordados en sus domicilios, en sus lugares y formas de sacrificio, no podían quedar agolpados en las estanterías, sus biznietos que deambulan actualmente por esas mismas calles, al saber de sus gestas recobrarían, si es que alguna vez lo perdieron, ese orgullo de raza que nos caracteriza a los nativos de esta piel de toro. Ese fue uno de los motivos de la Ruta, quise no solo decirles a los zaragozanos y foráneos, las gestas que realizaron las gentes que poblaban sus calles y casas, sino decirles, cómo vivían donde vivían y de qué vivían. Su modus vivendi no solo gira en torno a su estatus socioeconómico, también abarca su posición social, su foraneidad en algunos casos y su extrema pobreza en otros, pero todos unidos en defensa de lo que ellos creyeron era bueno para sí y su ciudad.

Esta Ruta sin llegar a cubrir la totalidad de las habitaciones de sus protagonistas, sí que intenta recoger un máximo de ellos, sin que destaque ninguno, así de Jorge Ibor solo se recoge su primera y última morada porque en el trayecto se halla, no se contempla su periodo bélico ni sus logros militares, ni tan siquiera su vida familiar porque su desarrollo no pertenece al trazado histórico de esa Ruta. Los zaragozanos de hoy deben saber que, mientras luchaban y caían defendiendo los muros de su ciudad, también y al mismo tiempo asistían a los ritos y labores cotidianos, pues la guerra no paralizó en ningún momento su asistencia y obligaciones, hay documentos que lo atestiguan. Si habían salido a la luz de nuevo después de dos siglos de olvido, era de justicia que lo hicieran por la Puerta Grande, se lo merecían, habían dado todo, cuando no poseían nada, como dice el poeta.

Aquellas calles y plazas, testigos y cómplices de sus devaneos amorosos con la moza de sus sueños, aquel paseo de verano por donde iban aquellas zaragozanas cuando sus quehaceres se lo permitían o en los escasos días de fiestas, comentando con cómplices sonrisas de juventud, adornadas de esa sutil malicia que acaramela al avispado mozo, las conversaciones propias de las gentes de todas las edades. Esos lugares testigos de su niñez, de sus sueños y preocupaciones; calles que siguen incólumes guardadoras de los susurros y secretos de juventud, de los juramentos de amor eterno a la luz de la luna en una noche de verano que, cualquiera de aquellos bravos le refería a la maña de sus suspiros, calles plenas de vida y sueños, de proyectos y esperanzas; plazas y fuentes, punto de encuentro donde se debatían las diarias cuestiones que surgen en toda comunidad. Sí, son calles cargadas de historia, olvidadas del resto de la ciudad que, como aquellos vecinos que las inmortalizaron, claman con gritos sordos, ocupar el puesto que les corresponde. Este olvido jugó carta a favor, la zona no participó del desarrollo y de la posterior expansión urbana de la década de los 60 cuando se abren nuevas y se remodelan las viejas, desapareciendo muchas. El trazado de la Ruta por ellas se hace así más real, más auténtico, solo la desembocadura de la calle Cantín y Gamboa rompe el encanto, cuando la ciudad pretendió y así hizo, aprovechar la brecha abierta por el enemigo para confluir la calle con el paseo de verano, hoy calle de la Mina.

Al igual que el resto de zaragozanas (nativas o no) la rama femenina del clero reglado, también supieron estar a la altura de las circunstancias, el alto número de caídas así lo demuestra, siendo los hombres los más numerosos por razones obvias que no siempre se ajustan a un estereotipo determinado. Ellas las grandes desconocidas de la barbarie, imprescindibles en cada rincón de una calle, en cada casa, en cada muro, en cada parroquia, en cualquier sitio, pues para todo valían y las hacían valer. Formaron parte de aquellas legiones de desconocidas que fueron soterradas entre los escombros de la ciudad, quedando olvidas de la memoria de las luchadoras. HEROÍNAS que sostuvieron al francés de igual a igual. Hoy gozan del reconocimiento de sus antiguos enemigos en general y sus descendientes en particular, sus nombres vuelven a ser pronunciados, a ser recordados, ser leídos y saber su gran aportación a la Historia de la ciudad, pues solo el olvido mata, destruye y condena a los infiernos a su poseedor, mientras seas recordado estarás vivo, aseguraban los romanos en sus ceremonias de difuntos.

Los puntos del recorrido coinciden siempre con uno de los tres casos y por esta preferencia, Lugar De Muerte, allá donde se sabe documentalmente de la caída de un defensor, calle, casa, tapia, corral ,etc., se ha recuperado  todo lo que buenamente se ha podido sobre él y el momento de su sacrificio. Un segundo criterio es el lugar de lucha, destino que ocupaba, armas que empleaba, lugares donde combatió y mando bajo los que sirvió y un tercer criterio es el de su domicilio. Todos aquellos que no se enrolaron en los grupos más o menos estructurados que se iban formando a media que la crispación social iba en aumento y se mantuvieron en su domicilios, sus trabajos, intentando permanecer ajenos a la tormenta que se avecinaba y que desataría el empecinamiento de un pueblo que no sabe doblar la cerviz. Todos esos que por carecer de armamento, por su nula instrucción militar, su edad, (la mayoría no aptos para el combate) se emplearon en otros menesteres de fortificación cooperando con el gran poliorceta que, Zaragoza tuvo el honor de enterrar, invicto y honorable militar que fue abatido en la batería de Palafox en una jornada de inspección. Sangenis compatibilizó perfectamente esa ardua labor de preservar vidas propias y desproteger las contrarias. Cofrades del Santo Sepulcro que dieron al elenco martirial de la ciudad nombres de relevancia y protagonismo singular: Jorge Ibor, Manuel de Gracia, Camilo de Aced y sus familiares, Francisco de Asso, Francisco Gil, etc., son en total 148 muertos algo más de la mitad de su censo que lo componían antes del asedio un total de 284 almas, después quedarían una mayoría de jubilados y ancianas, la juventud había sucumbido en su casi totalidad. La Cofradía sufrió el mayor contratiempo de su ya entonces, larga Historia.

Esta Ruta es un homenaje a todos los que lucharon en aquellos aciagos días, con razón o sin ella, sabiendo o no, qué es lo que realmente defendían… o si deseaban hacerlo…o simplemente, si era necesario hacerlo, crear tanto dolor, generar tanto odio, producir tanta pena. Es una Ruta humana donde predomina la vida y el Ser a las armas y el caos; la ternura y la compasión, al odio y la rabia; donde lo cotidiano es lo excepcional y lo inusual es lo diario; donde el dolor de este lado de los Pirineos, es compartido al otro lado, víctimas todos, triunfadores…nadie. Ninguna cosa tiene su valor real ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le otorgamos; y éste se halla precisamente vinculado a la parvedad que tengamos de esa cosa; a los medios de satisfacer esa necesidad; a los deseos de poseerla y la escasez o abundancia de ella.

La locura es el origen de las hazañas de todos los héroes, basta un instante para hacer un héroe, pero es necesario toda una vida para hacer una persona. Siempre gana el averno… en una lucha entre personas no hay triunfadores…nunca los hubo…ni los puede haber.

Zaragoza 3 de septiembre de 2009

 

RUTA DE LOS SEPULCRISTAS

  HORA PREVISTA DE INICIO. 10,30

  1. PLAZA DE LA MALENA: introducción a la situación bélica, explicación de los sucesos desarrollados en la plaza, el Hospitalico, calles del Salvaje, y San Lorenzo, Seminario, baterías de las Piedras del Coso y Jean Lannes. TIEMPO 20 m.
  2. CALLE PUERTA QUEMADA:personajes y hechos históricos, El Turco, Callizo de los Viejos, Torres, Añon y Alcalá. TIEMPO, 10 m.
  3. PLAZA DE LAS ERAS:hechos históricos, Pabostre, Fuerte de San José, Baterías Altas de Palafox, Punto del Olivar de San Agustín. TIEMPO 10 m.
  4. PLAZA LAS MÓNICAS: Se explica Baterías Bajas de Palafox, Molino Goicoechea, sistema de aproches, Sangenis, Iglesia Mónicas, calle Palomar, Viola y Pozo, Corral Grande de la Morera. TIEMPO 20 m.
  5. SAN AGUSTÍN: se explica convento y campanario, plaza y calle. TIEMPO 10 m.
  6. PUNTO: CALLE BARRIOVERDE: Se explica el lugar de nacimiento de Jorge Ibor, y los sucesos históricos allí desarrollados, Alcober y Olleta. TIEMPO 10 m.
  7. UNIVERSIDAD Y PUERTA DEL SOL: Se explican los combates de la Puerta del Sol, de la universidad, calle arcadas y Algaceros, explicación y los días 18 y 19 de febrero. TIEMPO: 15 m.
  8. PUNTO PLAZA TENERÍAS: Se explican los combates, voladuras de casas, hornillos, murallas del convento y Puente de Tablas. TIEMPO 15 m.
  9. PUNTO CONVENTO DE LA RESURRECCIÓN: Último baluarte se explica su desarrollo y protagonismo. TIEMPO 10 minutos
  10. PANTEÓN DE LOS LAZAN: la tumba de Ibor. TIEMPO 5 minutos
  11. PLAZA ASSO: se explica someramente quien fue durante los Sitios Julián de Asso y Mariano Miedes, la capitulación. TIEMPO 5 minutos. Final de la Ruta.

DEAMBULACIÓN DE UN PUNTO A OTRO:

  1. 10 minutos aprox.
  2. 10 minutos aprox.
  3. 5 minutos aprox.
  4. 5 minutos aprox.
  5. 5 minutos aprox.
  6. 10 minutos aprox.
  7. 5 minutos aprox.
  8. 10 minutos aprox.
  9. 5 minutos aprox.
  10. 5 minutos aprox

Total Parcial: 1 hora y 10 minutos en explicación y 1 hora y 10 minutos en traslado. TOTAL GENERAL: dos horas y 20 minutos aproximadamente.

INTRODUCCIÓN GENERAL DEL PORQUE SE INICIA AQUÍ LA RUTA.

La Guerra de Independencia, también conocida en español como: la Francesada, Guerra Peninsular, Guerra de España, Guerra del Francés, Guerra de los Seis Años, y el Levantamiento y revolución de los españoles, se solapa y confunde con lo que la historiografía anglosajona llama «Guerra Peninsular. Las cosas en Andalucía no habían resultado nada buenas para las armas francesas el prestigioso general Dupont no pudo contener al veterano y arrollador Castaños, que le superaba en número de hombres y efectivos. La caída del ejército de Andalucía obligó a José I a abandonar Madrid, ya no volvería a ocupar su legítimo trono. Verdier obedeciendo órdenes de sus superiores levanta el Sitio de Zaragoza, el 14 de agosto de aquel año glorioso de 1808, tras volar el depósito de municiones que había en las catacumbas de Sta. Engracia, arrojar la artillería de sitio al canal imperial (de donde serían rescatados más tarde por los sitiados) y arrasando todo aquello que se hallaba a su paso en la retirada hacia Tudela punto donde se debían de encontrar con el rey José I y el resto de fuerzas que, presionados por Castaños se retiraban de la meseta y alta Andalucía. De todos es sabido el desastre de las armas españolas en Tudela, para algunos, motivado por la desafección de Palafox al abandonar el sitio encomendado a su defensa en la madrugada del día 23 de noviembre de 1808 en una barcaza dirección a Zaragoza. Mientras esto sucedía, en Zaragoza se hacen acopios de materiales, municiones, provisiones y todo aquello que se pueda necesitar, sabían que el repliegue francés era solo momentáneo, todo era cuestión de tiempo. Volverán con más rabia, hombres y medios. Con la experiencia del Primer Sitio, no volverían a cometer los mismos fallos. Además, Napoleón estaba en la península, obligado a venir para solucionar casos como el de Zaragoza. Si el primer Sitio había sido crudo y casi logran su objetivo, el segundo será aún más terrible. Las fortificaciones se llevan a cabo en tiempo record, aspilleras, para fusilería y artillería aparecen por doquier, el Fuerte del Pilar, San José, Trinitarios, la Torre del Pino y el Castillo, se convierten en puntos avanzados a modo de torres albarranas, puntos de castigo y desgaste del enemigo. La excesiva concentración de medios y hombres en el interior de la ciudad, jugará una baza negativa para la resistencia. Los generales aconsejan a Palafox que saque a la caballería del recinto urbano y la distribuya en el exterior para hostigar a los sitiadores, creando un segundo cinturón cogiéndolos entre dos fuegos. Este se niega en redondo a ello, lo que causará una superpoblación que no habrá albergue ni alimentos para sostenerlos. Los fríos y hambrunas llevarán al colapso total. Sangenis de nuevo está al frente de la dirección de fortificación ello será garantía de entorpecimiento efectivo al enemigo, pero ni con eso se salvará la ciudad, las técnicas poliorcéticas, aunque mejoradas con respecto al anterior sitio, frenarán pero no contendrán el vasto empuje galo, donde además de su prestigio internacional jugaba la ansias de venganza, una venganza sin sentido que se practicaría durante la ocupación. Por fin se consigue cerrar el perímetro defensivo de la ciudad, crea una nueva línea de fortificaciones aprovechando las torres, de las iglesias, murallas romanas, los monasterios anteriormente aislados. Se artillan los puentes sobre la Huerva apoyados con la reconstrucción del Reducto del Pilar y los trabajos en el monasterio de San Agustín y San José (junto al actual puente de Los Sitios) reconvertido en baluarte. Se patrulla el Ebro con cañoneras tripuladas por cartageneros, construidas a modo de almaidas, plataforma con escasa maniobrabilidad, no darán el resultado esperado. Si el Primer asedio se centró en el barrio del Gancho (San Pablo) y su zona de influencia. El Segundo será en el Gallo y su extensión (la Magdalena y San Miguel). Esta vez la atronadora voz de muerte se esparciría sobre el pobre barrio del Gallo destrozando sus paupérrimas construcciones de adobe y tapial.

LA MAGDALENA El barrio nace dentro de la muralla romana a la entrada por la Puerta de Valencia o de la Alquibla. En la actual Plaza de La Magdalena se encuentra el comienzo por el este del decumano de la ciudad. Posteriormente este barrio formará parte de la medina y albergará la judería en su zona más próxima a la actual Plaza de San Miguel.La percepción del peligro real de sus hogares y la necesidad cada vez más acuciante de volver a utilizar tropas auxiliares, permitieron a los paisanos su reincorporación “oficial” a la lucha. Las campanas de las parroquias llaman arrebato, la Magdalena, San Miguel, San Nicolás San Andrés San Lorenzo, todas las de la ciudad anuncian el desastre si no se pone remedio, la insistencia es tenaz, deben acudir todos los hombres disponibles para taponar la vía de entrada enemiga. Los paisanos se desparraman por las calles adyacentes a la Magdalena y toda la parte invadida inician un vivo fuego contra el enemigo que pretendía apoderarse de la calle Puerta Quemada. Miguel Galle, al intentar el francés ocupar la plaza de la Magdalena y el Hospitalico de Huérfanos, cae en la misma plaza de un balazo que recibió del enemigo habiendo testigos que así lo confirman, cuando estaba haciendo fuego en las baterías que cruzaban la entrada de la calle Palomar el 10 de enero de 1809. Mujeres como Manuela Magi, Dñª Petronila Lapuente o Pedro Antonio Vidal y Rafael Ribera caen todos como consecuencia de las balas enemigas vecinos de la calle san Lorenzo. Por no nombrar a Manuel Casabona o Manuel Code todos abatidos de la misma forma, este último hermano de la heroína María Code que una bala de cañón le arrancó la cabeza defendiendo la Puerta del Carmen el 15 del mismo mes. Sirva este pequeño homenaje a los cientos que aquí cayeron.

Se les rechaza y se recupera con ello casas que el día anterior había ocupado los franceses, pero en su retirada habían dejado hornilleadas causando sus explosiones estragos entre la población. Estas actuaciones hicieron que San Miguel de momento no cayera. Reconocido por los propios enemigos, ese punto no pudo ser conquistado a pesar de ser batido constantemente por la artillería y por los intentos de su infantería de adueñarse de ella. Entendieron el mensaje dejado en la memoria de los combatientes del Primer Asedio, “estos españoles morirán entre las ruinas de sus casas antes de rendirse”, el espíritu del 15 de junio, 2 de julio o 4 de agosto del año anterior no se había perdido, al revés cobraba mayor vigencia. Lannes se da cuenta y cambia de táctica Esta irrupción un tanto incontrolada del paisanaje en el escenario bélico, lleva consigo episodios de indisciplina. Son gentes que no estaban acostumbradas a la obediencia militar, sólo entendían una cosa, había que expulsar al gabacho de la ciudad y para ello valía todo, ante el ímpetu de este sector, las tropas galas retroceden, pero estos sin dirección militar ni instrucción que les valiera; van abandonando a su vez esas posiciones sin afianzarlas, con lo que su labor y sacrificio quedaba menguado. Ante este resultado Palafox llamó al orden a la masa civil recordándoles que la disciplina no solo era para los militares si no que afectaba a toda la población, elogiaba la defensa y contraataque protagonizado por los paisanos pero censuraba esa falta disciplinaria tan nefasta en estos casos y que tantas desgracias propias causa como ya ocurrió en el pasado, había que luchar sí, con ese ímpetu también, pero acatando las órdenes de los jefes militares, no se podía ir de “libre”, ahora ataco ahora me retiro, todo debía obedecer a un plan, a una estrategia, eso redundaría además de efectividad frente al galo en ahorro de vidas propias. Palafox para evitar próximas situaciones parecidas concede empleos militares a los cabecillas de los grupos con el afán de si no obedecen a los militares al menos que lo hagan a sus propios dirigentes y estos a su vez bajo la autoridad militar. Se maneja mejor a cuatro que a cuarenta, así Ibieca pone en boca de Palafox que “el paisano que reúna ciento y se presente con ellos haciendo fuego al enemigo y obedeciendo exactamente a los jefes militares, obtendrá el grado de capitán: el que reúna sesenta el de teniente, y el de treinta el de alférez…cualquier que reúna cincuenta hombres inútiles para las armas, pero útiles para los trabajos…obtendrá el grado de alférez.” Esto es recolocar esa masa informe y un tanto anárquica dentro de unas unidades paramilitares, controladas directamente por sus propios cabecillas bajo las directrices castrenses, estas lograrán éxitos considerables. Uno de esos capitanes fue Manuel de Gracia capitán de infantería de procedencia paisana. Muere a los 50 años de un balazo en el segundo sitio en la plaza de la Magdalena el 14/2/1809.

Hospitalico De Huérfanos Es la Institución más antigua de la ciudad tuvo principio en 1543 el Hospital de Huérfanos de la parroquia de la Magdalena se dividirá en dos, quedando este para niños y el fundado en Santa Fe de la parroquia de San Gil para niñas. Además, el hospicio de la Misericordia para personas de mayor edad, queda bajo la tutela real. La segunda función es la industrial. se les dota de elementos y privilegios bastantes para ser autosuficientes en la elaboración de paños, para la manutención de los pobres, se habilitan otras fuentes de ingreso, la creación de la Plaza de Toros será una de ellas. En los tiempos del segundo asedio sirvió primero de hospital y después de baluarte, para acabar siendo un lugar de entierros.

La Magdalena (opcional en función al tiempo) Manuel Blanco, Muere el 24/2/1809 de un balazo que recibió del ejército francés en uno de los ataques de la Plaza de la Magdalena, es trasladado al Hospital de San Ildefonso donde estuvo unos días hasta su muerte. Natural de Luceni de 50 años de edad. Valero Dago, Muere de un balazo en la Plaza de la Magdalena en fecha indeterminada. Antonio Franco, Muere en febrero de 1809, en defensa de la ciudad en el punto de la Magdalena de un balazo. Santiago García, Murió el 1/2/1809 a resultas de una balazo que recibió en la Plaza de la Magdalena, de 28 años de edad, natural de Zaragoza, Clemente Lapeña, Muere el 5/3/1809 a resultas de un balazo que recibió del enemigo francés en la Plaza de la Magdalena cuando hacia fuego contra ellos, es sepultado en la parroquia de San Pablo. Natural de Moyuela, de 40 años de edad, era Maestro Tonelero, que lo fue de la Real Maestranza de artillería de esta plaza durante los dos Sitios. Josef Larraz, Muere en febrero de 1809, marido de Brígida Barnes, de sofoco (miedo el mayor fantasma del alma) en un ataque en la Plaza de la Magdalena en defensa de la ciudad,. Luis Lasheras, Muere de un balazo en la Plaza de la Magdalena de estado soltero, su padre Manuel había muerto de susto al haber capitulado la ciudad. Antonio Miranda, A quien mataron los franceses en la Plaza de la Magdalena. D. Manuel Priego, Muere el 2/2/1809, Tte. Coronel graduado de Sargento Mayor que fue en uno de los Tercios que guarnecían esta plaza. Diego Valero, Muere el 2/2/1809 en la plaza de la Magdalena de un balazo de los franceses cuando defendía su casa, Pedro Valero, Murió en el mes de enero (no especifica día) en la Plaza de la Magdalena, natural de Olalla, de 58 años, Valero Vidal, Muere el 18/2/1809 en la Plaza de la Magdalena donde recibe un balazo del ejército francés, en una pierna, natural de Alcañiz, de 48 años de edad. Ramón Doz el 19 de noviembre de 1808 pierde a su hijo Ramón por enfermedad. Solicitó el uso de la Cruz de Defensores concedida para los combatientes del Segundo Asedio al hallarse con las armas en la mano en defensa de la ciudad, durante los dos Sitios que sufrió la Ciudad. Requisito fundamental para recibir méritos y ayudas económicas.

CALLE DEL SALVAJE, SAN LORENZO Y GRABADOS SEMINARIO El teatro de operaciones se inicia el 15 de junio de 1808, con la famosa batalla de Las Eras también conocido como el Campo del Sepulcro por los muchos cadáveres que allí fueron enterrados en las pasadas guerras de Sucesión, donde el francés pierde unos 700 hombres en lo que creyó un paseo victorioso. En esta lid, Pedro Arasanz 47 muerto por balas amigas al ser confundido con un enemigo. Pedro después de una de las escaramuzas que se mantiene contra el francés y su posterior retirada, sube sobre un terrazo al asomar una esquina con otro compañero para divisar y disfrutar de la bochornosa retirada del orgullo galo, cuando todavía en otros puntos no muy lejanos se continuaba con el rechazo global de los atacantes. Esto llevó a creer algún defensor que aquellos que se engallonaban sobre una elevación del terreno provocado por las bombas enemigas, se trataban de enemigos y, ni corto ni perezoso encaró su fusil de infantería efectuando el fatídico disparo privando a la defensa de Zaragoza de unos de sus hijos que nunca esperó acabar de forma tan estéril para la causa. La viuda la encontramos en la relación de solicitantes de ayuda económica en la posguerra. Rosa Alonso, Murió el 25/2/1809 en la calle del Salvaje nº 16, mujer de Pascual Lacambra, de 60 años, natural de Ainsa de Torres del reino de Valencia, fue sepultada en el Hospitalico de los Huérfanos

SEMINARIO CONCILIAR Y BATERIAS DEL COSO Este seminario fue volado 27 de junio del año anterior con la explosión del Seminario. Joaquín De Aced, muere aplastado el 27/6/1808 cuando efectuaba guardia en el almacén de pólvora sito en la calle Coso en el antiguo seminario real de San Valero y San Braulio, contaba 29 años de edad. Antonio. En el segundo sitio este edificio sigue siendo principal para la zona en su defensa como lo demuestran los muchos que allí murieron: Antonio Verbe, Murió el 7/1/1809, era soldado, natural de Mallorca y Antonia Villanueva, muere el 24/2/1809, a los 60 años, natural de Andorra. Se defendió estancia por estancia así Teresa Portau, Muere el 16/2/1809 en el Horno del Real Seminario de San Carlos a los 75 años, natural de La Puebla de Albortón, su marido Joaquín Galindo había muerto a balazos en el mismo lugar el día anterior. En este edificio se ubica exactamente el seminario Conciliar de San Valero y San Braulio con su Arco del arzobispo, una bella pieza del mudéjar aragonés, estaba realizado en ladrillo de tradición mudéjar; el estilo era barroco, sobrio y de inevitable pobreza, dada la calidad de los materiales que, como tantas otras obras de arte sucumbieron a la barbarie de quien las creó. La plaza de San Carlos se llamó, hasta el segundo tercio del siglo XVIII, Plaza de la Compañía. La calle de San Jorge, recibió el nombre de calle de la Compañía, y luego se llamó de la Enseñanza. La de Santo Dominguito se había llamado calle del Limón. Como se ve, la denominación de la Compañía, aparece por partida doble en las inmediaciones del edificio de San Carlos. La calle de la Compañía, ya a punto de desembocar en el Coso, separaba dos importantes y grandes edificios, comunicados a la altura de la segunda planta por el Arco del arzobispo; el Colegio de la Inmaculada Concepción (también llamado Colegio Grande y Colegio Principal) y el Colegio del Padre Eterno, ambos de la Compañía de Jesús. Precisamente el primero de estos Colegios, el Colegio Grande, y su iglesia contigua, la de la Concepción, han subsistido hasta el presente y forman hoy día el conjunto del Seminario Sacerdotal y de la iglesia de San Carlos. El Colegio del Padre Eterno, después de servir de sede al Seminario Conciliar de San Valero y San Braulio, desde 1788 hasta 1808, quedó tan deteriorado tras la guerra de la Independencia que fue enajenado y hoy ha sido sustituido por una manzana de viviendas.

Batería De Las Piedras Del Coso Bernabé Peiró. Hijo, muere a principios de febrero de 1809, a resultas de un balazo recibido de los franceses, estando defendiendo la Batería de las Piedras del Coso, natural de Cosuenda, su cadáver es conducido a hombros desde el punto al colegio de San Pedro Nolasco. Tomas Peiró. Padre, muere a principios de febrero de 1809, a resultas de un balazo recibido de los franceses, estando defendiendo la Batería de las Piedras del Coso, natural de Cosuenda. Sus hijas (su madre ya había fallecido) solicitan de la Curia Arzobispal engrosamiento de la partida de muerte, tanto de su padre como de su hermano Bernabé muerto en las mismas circunstancias, sitio y día. “Lo solicitan por hallarse comprendidas en la Real orden de S.M., por el goce las viudas y pupilas de los defensores de la ciudad que en la defensa de ella hayan muerto, y vivan en la extrema pobreza”. El día 14 de diciembre de ese mismo año muere de tifus un hijo de dos años de Braulio Biruete; que es enterrado en la cisterna de los pobres, su esposa María Manchola se hallaba sirviendo en las baterías de las Piedras del Coso, los tanteos no cesan, hay que estar preparados para el inminente ataque. Manuel Lope, de la partida de Ibor. Muere el 19/2/1809 de un balazo en la batería de las Piedras del Coso que se hacía desde el seminario hasta la calle de la Cadena; cuando estaba haciéndole fuego al enemigo.

Bajada De Gastón (antes Lastón) Manuel Guerrero muere en 1809 segundo Sitio. Vivía en la bajada de Lastón nº 82. JEAN-ANDOCHE JUNOT, DUQUE DE ABRANTES releva el 29 de diciembre al mariscal Bon Adrie Jeannott de Moncey, Duque de Conégliano, actuando bajo las órdenes del Mariscal André Mássena. Junot en un producto de la Revolución cuando se inició, se alistó como voluntario en un batallón en el cual fue herido dos veces, por ello obtuvo el grado de Sargento. Hombre de confianza de Napoleón.

JEAN LANNES Mientras esto sucedía se llevaba a cabo el relevo el 22/1/1809, en el mando de la fuerza sitiadora. El prestigioso mariscal del imperio Jean Lannes, duque de Montebello, y Príncipe de Siewierz. En enero de 1809 Napoleón le encarga conquistar Zaragoza y el 21 de febrero, después de una de las defensas más obstinadas en la historia, toma posesión del lugar. Lannes cuando llega a Zaragoza victorioso de Tudela se encuentra que todos los parámetros bélicos a los que está acostumbrado aquí fallan, en primer lugar, es un asedio totalmente atípico, donde las reglas de cortesía no son aceptadas, los combatientes no salen de la ciudad a presentar batalla sino que esperan que los demás entren o que sean rechazados en sus “muros”. el ejército regular español adolece hasta de armamento, el enfrentamiento supondrá el empirismo forzado al mayor nivel, es un reto desconocido. los asedios tradicionales eran más simples, una vez el atacante rompe las defensas y crea “una cabeza de puente” el honor del sitiado quedaba a salvo y por lo tanto la entrega de la ciudad y su rendición se halla condicionado por este factor, o por actos anteriores presumibles de una segura derrota; aquí será a “guerra y cuchillo”, “debemos perecer entre la ruinas de Zaragoza” dijo Sangenis, o “hasta la última tapia” contestación de Palafox en su lecho convaleciente Para Belmás es ahora cuando se marca el punto de inflexión, habrá un antes y un después, el antes es la resistencia cerril que, ha acogotado a los mejores generales del imperio; Napoleón en su deportación en la isla de Santa Elena escribirá de él “Lannes, el más valiente de todos los hombres, era indudablemente uno de los hombres del mundo con los cuales podía contar más…” lo quería como aun hermano.

Con el relevo en el mando por parte francesa del mariscal Lannes, el sitio se va a recrudecer, la primera medida que adopta es la conminación de rendición a los sitiados, y para ello pone sobre el tapete la situación real de la guerra en España, con ello intenta acortar el tiempo de asedio ganando el prestigio al que ya de por sí estaba destinado, habiendo fracasado otros de igual valía ante los muros de la ciudad. Ante la negativa de Palafox de aceptar la rendición ofrecida, las operaciones se impulsan en ataques continuados llevados a cabo los días 26 y 27 de enero que, son rechazados de forma simultánea. El 27 de enero se produjo desde el amanecer, de hecho en toda la noche no habían parado, un gran ataque francés que fracasó en Santa Mónica y en la calle del Pabostre, donde solo se ocuparon unas casas, que son recuperadas inmediatamente, su conquista les será cara en hombres y medios, pero triunfó en el convento de Santa Engracia Lannes sabe el alto costo en hombres y ordena no avanzar al descubierto, si no después de la explosión, en principio estas jugarán a favor del sitiado pues, con sus actuaciones lo que genera son más improvisados parapetos y obstáculos a sus propias fuerzas, deberán ponderar en el uso de la pólvora para evitar estas tragicómicas situaciones. Aun con todo, las aspilleras y troneras que se abren por doquier como consecuencia del agrietamiento de las paredes, servirán de refugio a los sitiados y de castigo a los atacantes, se utilizarán los tejados y corrales para situar gente a la retaguardia de las tropas, no les va a ser fácil apoderarse de la ciudad. En el amanecer del 26 de enero, la artillería francesa, distribuida en trece baterías, empezó a disparar sobre la plaza. La intensidad era tal que en pocas horas toda la fuerza artillera de los sitiados quedó enmudecida, algunas como la del Jardín Botánico quedó reducida a polvo. Especial éxito tuvo su acción destructora en el convento de Santa Mónica en el que se abrieron varias brechas: una en la terraza alta, la segunda en el jardín y la tercera en el muro que estaba frente al convento de San José. Además, consiguieron derribar la fachada del convento de Santa Engracia y la tapia de su jardín. En la hora siguiente continua el duro bombardeo sobre la ciudad, en general, y sobre el convento de Santa Engracia en particular, donde el valiente Saint-March, lo defendían y apoyaban desde sus baterías del jardín botánico. Por aquellas fechas, el mariscal Lannes, envió una misiva a Napoleón donde le decía:

“jamás he visto encarnizamiento igual al que muestran nuestros enemigos en la defensa de esta plaza. Las mujeres se dejan matar delante de la brecha. Es preciso organizar un asalto por cada casa. El sitio de Zaragoza no se parece en nada a nuestras anteriores guerras. Es una guerra que horroriza. La ciudad arde en estos momentos por cuatro puntos distintos, y llueven sobre ella las bombas a centenares, pero nada basta para intimidar a sus defensores… ¡Que guerra! ¡Que hombres! Un asedio en cada calle, una mina bajo cada casa. ¡Verse obligado a matar a tantos valientes o mejor a tantos furiosos! Esto es terrible. La victoria da pena”

LAS ACCIONES SOBRE LA CALLE QUEMADA A pesar de la tenaz defensa de Villacampa Sta. Mónica acaba sucumbiendo, el enemigo fija posiciones e inmediatamente comienza a preparar el próximo asalto, el convento de San Agustín y las calles del Doctor Palomar y San Agustín, vías de penetración hacia la Magdalena, Puerta Quemada y Pabostre para San Miguel. Su posesión es necesaria para contactar con los de Sta. Engracia les darían todo el barrio del Gallo y San Miguel, Saint March que defendía la posición de San Miguel se vio inmerso en una bolsa sin posibilidades de romper el efecto. Para evitarlo ofrece la resistencia más activa que se dieron en esas jornadas, ocupando las últimas casas de Pabostre, mantiene la posición a pesar de las innumerables cañonadas efectivas que derribaban metros de muro y techo sobre los Sitiados, conscientes de la importancia de sostener el punto, los combates eran ya a bayoneta, los avances y retrocesos en las cotas de intervención darán una idea de lo brutal de la lucha que ambas partes llevaban a cabo. Raimunda Pererez, viuda de Manuel Sancho (Cofrade la M.I.y A. Cofradía del Santo Sepulcro de Zaragoza) murió de un balazo, al igual que su marido en Puerta Quemada, Ylario Blanquez, muere en el segundo Sitio en 1809 a resultas de un balazo en la calle Quemada de 29 años. Vivía en la calle San Agustín nº 102, Antonio Arnal fue testigo de la muerte de Sebastián Millán en la calle de Quemada a las tres de la tarde del día 1/2/1809. Muere en marzo de 1809 de epidemia y Bernardo Labordeta, A quién mataron los franceses en la calle de la Puerta Quemada. Deja un hijo pupilo de 9 años que recogió por caridad Ignacia Gil. De su madre Manuela Gil no se sabe su paradero.

Los franceses hornilleando las posiciones que hacían volar por los aires y los defensores aupándose de entre los muertos batiendo con sus fusiles a los confiados soldados del imperio. La guerra había pasado a ser subterránea después de las explosiones de los hornillos la infantería atacaba con denuedo para vencer a esos enconados aragoneses que tan caros les resultaron, las contraminas efectuadas desde el bando de los sitiados, no siempre resultaron, pues la impericia pasaba factura aquellos valientes, no obstante, se lograron desbaratar más de una, pero en otras ocasiones el éxito enemigo vestía de luto las filas patriotas. Estas actuaciones hicieron que San Miguel de momento no cayera, reconocido por los propios enemigos ese punto no pudo ser conquistado a pesar de ser batido constantemente por la artillería y por los intentos de su infantería de adueñarse de ella. Con la lluvia tan intensa de balas, metralla y peñascos lanzados por obuses, balas rasas que caían de una forma constante sobre Puerta Quemada resultaba muy difícil moverse sin ser herido o muerto, el lugar infernal en el que se había convertido el pacífico barrio. (para Madoz recibe el nombre por los múltiples cadáveres que se quemaban allí en aplicación de la justicia inquisitorial) se retoman de nuevo, Lannes prohíbe taxativamente el avance meteórico de sus tropas, ordena que se aseguren las conquistas casa por casa, donde se artillarán y abrirán aspilleras asegurando el punto, no quiere correr riesgos como los del pasado día 1 y 2 de febrero, también de este modo ahorrará vidas, ya los hornillos no destrozan las casas se limitan a desestabilizarlas, se aprovechan las caponeras causales y las creadas por los sitiados, para el movimiento de fuerzas y avances de zapas y hornillos. Han aprendido rápido, su metódica labor creará grandes problemas a los defensores. De esta manera entre los días 2 y 3 de febrero los ataques franceses serán más precisos, la reconquista de las casas de la calle Pabostre, y Puerta Quemada así como todo el sector perdido de San Agustín y Palomar será ya de forma definitiva, no volverán los sitiados a tenerlos en sus manos, se dará que media calle será francesa y la otra media española, así hasta la capitulación, se harán fuego de ventana a ventana, dada la estrechez de la vía, da escalofríos situarse en esas fechas en la situación creada en el lugar. Aun con todo el mariscal Lannes no las tenía todas con él cuando tratando de reanimar el espíritu de sus tropas le profetizaba que con sus bombas, minas y enfermedades quedarían aniquilados que solo bastaba vencer la primera línea donde había puesto “la carne en el asador”, cuando lo intentan se dan cuenta de su enorme error esa “carne” estaba puesta en cada ventana, puerta, teja, calle casa o lugar de donde se pudiera disparar contra el invasor. Manuel Losrios, Muere en fecha indeterminada de un balazo recibido del enemigo en la C/ Puerta Quemada, natural de Luco, Antonio Muñoz, Muere el 2/2/1809 de un balazo en la calle Puerta Quemada, natural de Valencia, de 46 años de edad y Miguel Perera, Muere el 2/2/1809 de un balazo que recibió del ejército enemigo en defensa de la Patria en el punto de la Puerta Quemada. Natural de la Val Madrid de 24 años de edad. La exponente aduce que su marido ante la turbulencia general, tomo las armas en defensa de la ciudad hasta que, en los ataques ocurridos en la parroquia de la Magdalena, en uno de ellos fue muerto por una bala en el día de Ntra. Sra. de la Candelera. El empeño de crear un punto fuerte en Pabostre y Puerta Quemada hizo que el enemigo se emplease a fondo, minimizando los ataques de distracción que mantenía sobre el Castillo y el Campo del Sepulcro con sus zonas de influencia, los cañonazos no cesaban, el aire era irrespirable, todo sabía a polvo, se agarraba a las gargantas y lo hacía masticable, las paredes, techos todo se derrumbaba alrededor de los defensores, paisanos y militares unidos (aquellos que todavía podían empuñar un fusil, la enfermedad ya hacía estragos entre los sitiados) en medio de las granadas y balas rasas o bombas que escupían constantemente la artillería enemiga, pero el verdadero objetivo era la ocupación de Sta. Mónica.

Calle Quemada (opcional en función al tiempo) Manuela Sancho heroína de los Sitios vivía en la calle Quemada nº 40, tenía 24 años cuando fue herida de muerte en el Fuerte de San José, sobrevive es la única heroína a la que se pudo fotografiar pues vivió hasta el 7 de abril de 1863. Camilo de Aced miembro activo de la partida de Ibor. Muere el 28/7/1810 a los 57 años, deja dos hijos mayores, vivía en la calle de Quemada número 18. (Posible hermano de Mariano Lucas de Aced, activo compañero y vecino en el Arrabal del Tío Jorge, muere de Tte. Capitán defendiendo el convento de San Lázaro el 14 de febrero de 1809) Muere de enfermedad, en abril de 1809. Antonio Aliacar, murió antes de los Sitios, le mataron un hijo del mismo nombre que la mantenía, en el segundo Sitio de esta ciudad. Francisco Berroy Muere el 3/2/1809 a balazos que recibió del enemigo en defensa de su propia casa en la calle Quemada, era natural y vecino de la parroquia. Ramón Falo, De 40 años de edad, su viuda María Gil ambos vecinos de Samper de Calanda, expone “que su marido Ramón Falo salió de su pueblo con carro y mulas para conducir raciones, a esa capital y habiendo entrado en ella, se le precisó para tomar las armas y, a resultas de un balazo que le dirigió el enemigo en acción de guerra, en el punto de la Puerta Quemada, el día 13 de enero de 1809, murió en la posada de San Blas donde le condujeron gravemente herido para su curación, fue enterrado en el convento de Sto. Domingo cuyas partidas de muerte no están anotadas en los cinco libros por las circunstancias de la época”. Antonio Fermín, Fermín Pedro, pupilo enfermo habitual de 12 años, hijo de Antonio Fermín a quien en defensa de la Patria mataron los franceses, vive en la calle de Puerta Quemada, casa nº 3. Juan Lafuente, Muere el 20/1/01809, en C/ Puerta Quemada, natural de Palomar de 41 años.

Calle Del Turco, (opcional en función al tiempo) Antonia Palacios, Muere el 25/1/1809, en la C/ del Turco, natural de Zaragoza de 36 años,

Callizo De Los Viejos (opcional en función al tiempo) Andrés Rodrigo, Soltero, hijo Ana Lizán de quién dependía, fue muerto de balazo por los franceses en el segundo Sitio, en el Callizo de los Viejos, calle de la Puerta Quemada.

 AÑÓN (opcional en función al tiempo) Lorenzo Sánchez, el 21 de noviembre está en relación de licenciados de 1808 sirviendo en el 2º Tercio de Voluntarios de Zaragoza a causa de otro hermano sirviendo, vecino de la parroquia de la Magdalena, vivía en la calle Añón acera derecha desde la Heras a la calle de Puerta Quemada, en una casa propiedad el Convento del Carmen, que rentaba 18 libras anuales. Jerónimo Fatuarte, labrador la tiene a su nombre, subarrendando habitaciones a Lorenzo Sánchez que paga 6 libras y a Miguel Sánchez de profesión Pelaire que paga 6 libras Mariano Estella muere el l/1/1809 muere defendiendo casa en la calle Añón de 40 años.

 TORRES Joaquín Gil Banero “el Mozo”. Aparece muerto de un balazo en el segundo Sitio 1809 era artillero, muere defendiendo el Reducto del Pilar. Durante el Primer Sitito se enrola en la 3ª Escuadra de la 2ª Compañía del presbítero Miguel Sas. Figura en una lista en la que se deben a los paisanos unos sueldos por su servicio en armas en la defensa de la ciudad hallándose sin satisfacer desde el 20 al 25 de enero de 1809, estaba encuadrado en la Compañía de D. Mathias Carrica. La deuda suma un total de 1.052 Reales de Vellón, cantidad entregada por un individuo llamado D. Pedro de Arellano, de su propio caudal, evitando con ello la deserción de muchos descontentos que por no poderles dar el socorro por falta de dinero se quieren ir a su casa, y para que sirva de resguardo lo firma el comandante de la compañía en su casa de Corral, después de pasada lista Mathias Carrica. Es de la parroquia de San Gil. Se le concede con fecha 5/3/1815 el uso a título póstumo de la Cruz de Defensor de Zaragoza creada al efecto para todos los combatientes que se hallaban con las armas en la mano en defensa de la ciudad, durante los dos Sitios que sufrió la Ciudad. Condecoración firmada por los paisanos Jefes de Unidad, Pedro María Ric, Josef Zamoray, Miguel Salamero, Andrés de Gurpide, Francisco Biruete, Bernardo Segura, Antonio Esparza como vocal, entre otros.

ALCALÁ Audaces aragonensis fortuna juvat anno dominne MDCCLXXII ovallis pater nullis. La fortuna favorece a los audaces aragoneses, año del Señor de 1772 Ovalle sin padre. Manuel Sancho. En noviembre de 1808 oficia a Palafox en solicitud de una limosna en los siguientes términos. Manuel Sancho, de oficio jornalero y vecino de esta Ciudad se halló en el choque de Alagón y regresado a esta no ha parado de celar y estar sujeto a las órdenes del Alcalde de Barrio como está pronto a justificarlo y hallarse desde la Puerta del Sol hasta el Coso siguiendo a los franceses y haciéndoles fuego el día de su entrada sin hacer retirada alguna; y como el exponente es un pobre de solemnidad y no tener más a sus tristes brazos para mantener a cuatro menores y su mujer solicita le sea concedida…Muere en el Hospital de San Ildefonso de herida de bala en una pierna que recibió del ejército francés en el choque de la calle San Agustín. Contraportada

PABOSTRE (opcional en función al tiempo) Joaquín Herrera, Muere el 1/1/1809 de tres balazos de fusil que recibió de los franceses cerca de la Plaza de la Magdalena, C/ Pabostre, de 40 años, Eusebio Bascaran, Murió el 7/1/1809, en la calle de Pabostre, natural de Zaragoza. De 21 años, Miguel Cabañas, Muere el 10/12/1808 en la C/ Pabostre, natural de Zaragoza, jornalero de 45 años, Antonia Oliete, Muere el 7/12/1808, en la C/ Pabostre, natural de Gargallo de 42 años. Antonio García Es segundo alcalde del Cuartel del Pilar por el barrio de los Navarros durante todo el 1808, repitiendo tres meses en 1809, hasta su muerte, Hay un Antonio García que oficia a Palafox solicitando su retiro en su empleo de teniente de la 3ª Compañía del 2º Batallón Ligero de Zaragoza, empleo que alcanzó en los Sitios de la ciudad. aduciendo que tiene un hermano Josef García sirviendo en el ejército de Castilla la Vieja con el mismo empleo en la Real Brigada de Carabineros que había participado en la batalla de Rioseco, solicita le sea reconocido el goce del fuero y uso del uniforme el 8 de noviembre de 1808. Le es denegado por el Barón de Werssage, el día 11 del mismo mes y año, en base a unos informes de Joaquín García su superior que no lo consideraba acreedor a esa gracia., no obstante sí se le mantenía en su empleo pero sin ninguno de sus atributos Se le concede a título póstumo, el uso de la Cruz de Defensores. En estas fechas estaba encuadrado en el 2º Regimiento de Infantería Voluntarios de Aragón.

LAS ERAS DE SAN AGUSTÍN (opcional en función al tiempo) Al final de la calle de Tras el Hospitalico (Cantín y Gamboa) la desembocadura coincide con la brecha abierta por los franceses y que les permitió poner pie en esta parte de la ciudad. Silvestre Palacios, muere el 18/2/1809, a resultas de haber sido herido de un balazo que le dieron los franceses hallándose haciendo fuego en la C/ Nueva de las Heras de San Agustín, defendiendo la capital. Ramón Vera, muere el 28/1/1809, de un balazo que recibió de los franceses en la calle Nueva de las Eras de San Agustín, hallándose en defensa de la ciudad. Pascual Vida, Murió con las armas en la mano, de un balazo que recibió del enemigo el 30/1/1809 en las Heras de San Agustín, natural de Cuarte.

Punto Olivar De San Agustín Manuel Gayan, murió el 23/12/1808, de un balazo que recibió del ejército francés en el choque que hubo ese día en las inmediaciones de la ciudad defendiendo el punto del olivar de San Agustín, siendo enterrado en el convento de San Ildefonso. Natural de Fuentes de Ebro de 34 años de edad, marido de María Martínez, esta muere también en los asedios.

Fuerte San José, El monasterio que se hallaba bajo la dirección y propiedad de la Orden de los Carmelitas Descalzos se crea como tantos otros de la ciudad a extramuros de la misma, su origen data desde Año 1534. El 10 de enero las batidas del Fuerte, habían sido intensas, los combates, la resistencia y rechazo del enemigo había aumentado la moral de la gente que se atrevió a realizar salidas para destruir baterías que hacían mucho daño al Fuerte, para ello contaron con un escaso apoyo por el río ofrecido por el comandante Ojeto que al ser herido y contraatacado optó por retirarse. Los franceses rechazaron el contraataque español quedando las posiciones como al principio, pero con graves daños en las defensas de San José. Ese día vuelven a salir de sus conventos muchas monjas por la intensidad del bombardeo refugiándose en la Basílica del Pilar donde continúan con su labor de enfermeras obligadas, cocineras, lavanderas, etc., las del Sepulcro permanecen en su monasterio, no lo desalojaran hasta bien entrado el mes de febrero, no obstante, algunas de obediencia se habían refugiado en casas adyacentes propiedad o bajo la influencias de las conventuales. Si el día había sido duro la noche no parecía que iba a dejarles conciliar el necesitado sueño, ese descanso tan necesario, las bombas sobre el Gallo y obuses dirigidos contra los derruidos muros de San José les mantendrían en alerta, no se permitiría una cabezada, la ciudad estaba toda ella presta para responder a cualquier ataque enemigo, se habían habilitado nuevos centros a modo de hospital de campaña, entre ellos el Hospitalico de Huérfanos Se trataba de una obra de fábrica distante a las de su entorno por su solidez y prestaciones. Otro edificio era el convento de San Agustín, también sirvió al mismo tiempo de baluarte y refugio de los heridos. Esa noche Laval, creyendo abandonado el Fuerte envía tropa para informar sobre esa posibilidad, siendo rechazados por un fuego vivo de fusilería que desde las ruinas escupían las armas de los defensores, no solo volvieron a rechazar el supuesto ataque al reducto, sino que les persiguieron causándoles bajas de menor importancia en cuanto a su número, eran los movimientos estentóreos de la agónica situación del herido mortalmente Fuerte de San José. Su gloria quedaba grabada en el viento acariciando la faz de unos, y abofeteando la de otros, su gesta quedará recogida en todos los anales. Al amanecer del día 11 de enero todos los furores bélicos contra el Fuerte de San José, el Reducto del Pilar y la Batería de Palafox fueron desatados. Es totalmente destruido y reducido a cenizas entre sus escombros yacerán las esperanzas de muchos defensores. a las dos de la tarde dice Ibieca que iniciaron el fuego de batería contra el monasterio para su definitiva conquista, en el día anterior había sufrido un ataque importante que le había herido en uno de sus lienzos abriendo una brecha por la que vieron la posibilidad de ocupación, tras un intenso y mortífero bombardeo, las tropas de infantería atacan y reducen el puesto albarrano que tantos dolores de cabeza les había provocado, conquistando “ruinas empapadas de sangre, esparcidos en ellos brazos, piernas y pedazos de cuerpos de los defensores” y cadáveres de los atacantes; entre ellos estaban Mariano Clariana, Murió de una bala de cañón en San Josef, dejó viuda a María Ortiz, cuatro hijos, de ellos dos de menor edad, tiene uno en actual servicio, se mantiene en el mismo estado y en el de miseria, pues no tiene otra cosa para su manutención y la de su familia que lo que gana un hijo capiller en esta Santa Iglesia. Josef Mañez, Murió el 2/1/1809, en el Fuerte de San José a extramuros de la ciudad, en defensa de la misma, a resultas de un balazo que recibió de los franceses. La posición ya no volvería a estar en manos de los defensores a pesar de los intentos de recuperación. A pesar de la heroica defensa de Renovales, el monasterio de S. José es ocupado el 11 de enero, tras una cruenta lucha entre las ruinas.

La retirada, aunque más o menos ordenada provocó víctimas, San José, a pesar de sus respetables muros y su enconada defensa que darían personajes de la talla de su Jefe Mariano Renovales y Manuela Sancho entre los más conocidos, supondrá la gran baza. Este día será el de la gloria francesa, Zaragoza empezará a declinar, es el día más importante del Segundo Asedio, solo comparable con la caída del Arrabal. Esta negra jornada para los defensores y los dos sucesivos, se hallará marcado por la pérdida del fuerte; será el preludio de los siguientes días. Su caída facilitaba el acceso a la parte oriental de las defensas de la ciudad, el cauce natural de la Huerva servirá de paralela natural que jugará baza importante en pro del atacante, el avance de las construcciones de aproximación consolidará las posiciones y facilitarán el ataque a los muros de la ciudad que serán rebasados por primera vez en este Segundo Sitio. El intenso cañoneo que desde la Batería de Palafox se realizó contra los ya castigados muros del convento, logró su ruina total, los intentos de zapa en colocar hornillos para volar lo que ahora se había convertido en bastión enemigo tampoco llegaron a fructificar. Y por si esto fuese poco, el día siguiente (12 de enero) hace explosión en San Juan de los Panetes donde había un almacén de pólvora y municiones, varias granadas que se cebaron al tiempo de cargarlas en lugar de hacerlo en la batería donde iban destinadas, matando a cuatro de los artilleros que las manipulaban. Zaragoza vuelve a vivir el desgarro de la desgracia como ya ocurriera el 27 de junio del año anterior con la explosión del Seminario. Antonio Sangenis, poliorceta consumado salvó con sus técnicas no pocas vidas de defensores y causó la desgracia a otros tantos atacantes. La bala que segó su vida cuando se hallaba en la Batería Baja de Palafox (también llamada del Molino de Aceite de Goicoechea) en la muralla junto a las tapias del convento de Santa Mónica, de la hoy calle Asalto, ayer paseo de verano; inspeccionando las obras de aproximación de los franceses para contrarrestar su efectos, nunca sabrá la importancia de su efectividad, esa bala ahorró más vidas enemigas que todos los hornillos juntos, impidiendo el desarrollo y puesta en práctica de las técnicas de Sitio que innovaba este singular militar a medida que se iban produciendo.

El propio Napoleón ordenó a su jefe de Estado Mayor, Berthier, hiciese dibujar y grabar los planos de las defensas no solo para su estudio es las escuelas de ingenieros militares sino también para honrar debidamente a los generales que en ellas se han distinguido. Junto a él entre otros cayó Mateo Lázaro, Muere el 12/2/1809, de 41 años de edad, natural de Borja, de repente a consecuencia de un balazo recibido por el enemigo en la batería que llamaban de Palafox, había caído según parte emitido por Diego de Perosa habían muerto un teniente 4 artilleros y 8 heridos dos de los cuerpos de Valencia el capitán Pedro Mendieta y el subteniente Benito Oliva otros 3 más de otros cuerpos y un paisano La batería de Palafox era un elemento esencial, poderosamente disuasorio frente a los ataques, su emplazamiento le ofrecía ventaja siendo ahora uno de los principales objetivos a batir por los atacantes, una vez conseguido le permitirá acceso a todo el entramado urbano Mónicas, San Agustín, Puerta Quemada, etc. Esta batería apoyada por la calle Mayor de la Tenerías, fue objetivo principal de los franceses. La de la las Tenerías sería constantemente bombardeada para acallar los fuegos que se le hacían desde ella para impedir batir en brecha abierta al mismo tiempo en el convento de San Agustín.

SANTA MÓNICA El castigo de las baterías francesas sobre el muro trasero de Santa Mónica había sido tan fuerte que había provocado una brecha importante que los galos no se atrevieron a utilizar dada la defensa ejercida y el fuego de fusilería por donde una sola aguja no hubiera podido pasar, no obstante, ese agujero había que taponarlo. Palafox convoca a todos los hombres útiles para tal fin mediante proclamas de ánimo y despertando ese sentido de responsabilidad que a veces se abruma por conceptos equivocados, tan importante era el zapador como el fusilero, eso quedaría demostrado en el bando francés, más disciplinados y especializados en su trabajo. Esa brecha daría salida al Paseo de Verano de la calle Tras el Hospitalico (Cantín y Gamboa) en las reformas urbanas posteriores a los Asedios.

En la noche del 17 al 18 se requiere el concurso de todos los capaces para taponar el boquete, a ello responde todo tipo de personas de toda condición, los cestos de tierra, arena y barro, se entremezclan con el sudor y la sangre de los defensores. El enemigo desde la otra orilla de la Huerva, sigue disparando sus cañones y fusiles contra los reparadores del muro que, despreciando este peligro siguen con sus labores de reparación, saben que el lienzo es necesario que quede intacto, ello supondrá por una parte el asegurar el punto y las vidas de sus defensores, y por otra, el impedimento de invasión gala, amén de la mortandad que se puede ejercer desde él hacia el enemigo. Carlos Uget, Muere en 1809, a resultas de una granada disparada en el Segundo Sitio por el enemigo, estando trabajado en su empleo de albañil en las fortificaciones de la ciudad. Estos trabajos se concluyen y durante tres o cuatro días, solo hay escaramuzas, los franceses no intentan crear una nueva brecha, todo queda paralizado con un silencio ensordecedor que impacienta a los sitiados.

En la noche del 28 al 29 de enero, la artillería que no cejaba en su empeño de destruir las defensas en ese punto, las tropas defensoras hubieron de parapetarse entre los arcos del claustro, tras una doble fila de cajones rellenos de tierra. el regimiento de Voluntarios de Castilla entre otros, de voluntarios y paisanaje, fue destinado en su integridad a defender ese convento, En ese momento, solamente eran 194 hombre sanos apoyando a los Voluntarios de Huesca que comandaba el Teniente Coronel Pedro Villacampa, que a pesar de una brava defensa no pudo evitar su pérdida. Mas, entre humos, escombros, cañonazos, balazos, gritos, etc.…, no cesaban de acudir paisanos dispuestos a cubrir las bajas que creaban las balas francesas. Si bien es cierto que, por cuestiones de proximidad, vecindad, acatamiento de los Alcaldes de Barrio u otras circunstancias en este Segundo Asedio el paisanaje que en ningún momento dejó de luchar ya directamente, ya ofreciendo el apoyo logístico suficiente, si es también cierto que se circunscribía más a su entorno que durante el primer asedio donde su movilidad fue mayor. No obstante, estuvieron en cualquier lugar donde hubiese una lucha, pues una vez el francés rebasa el poemerium la lucha se encarniza y se fanatiza hasta el punto de no contemplarse la rendición. A medida que el solar defensivo va reduciéndose también se reducen sus puntos de defensa, así como el encuadramiento militar de esta fuerza que ya lucha por su supervivencia, sus lugares del combate otrora sagrados hoy era el palmo de terreno que no se debía ceder, los púlpitos que les habían dirigido, hoy son baluartes de defensa, las torres cuyas campanas les advertían de la novedad, hoy son espacios ocupados en otros menesteres totalmente distintos para los que estaban destinados.

Cuando los franceses irrumpieron en el interior de Zaragoza se encontraron que las calles estaban bloqueadas con barricadas y que los inmuebles se habían convertido en fortines. Además, muchos de los habitantes se incorporaron heroicamente a una lucha que, hasta ese momento, se había sostenido solo por miembros del ejército regular español. Para superar estos formidables contratiempos y socavar la resistencia, los franceses decidieron utilizar minas, con ellas logran parte de sus objetivos no obstante, su desmesurada cantidad de pólvora jugará un papel importante en contra de sus intereses, una vez los hornillos son mesurados en su carga solo harán temblar los muros de la casas con derrumbes inevitables aunque, no son el objetivo del atacante, sí lo es sin embargo, la creación de pasadizos cubiertos (caponeras) aprovechando el propio edificio donde se pueden mover con total impunidad por dentro de la ciudad, pasando de un edificio a otro. Este peligro provoca una alarma, las campanas tocan arrebato y acuden un caudal de gentes armada, expulsan al francés incluso de las casas conquistadas en el dio 26 los arrojan a extramuros de la ciudad una vez más.

 C/ DEL POZO (opcional en función al tiempo) A título de comentario, los impactos de la casa de la calle Viola fueron provocados por los asaltantes que disparaban a las ventanas y tejados donde se situaban los defensores, al contrario que los de la calle del Pozo fueron provocados en parte por la defensa que ejercieron las siguientes heroínas Silvestra de Gracia viuda de Manuel de Gracia Cimorra tiene dos hijos vive en la calle del Pozo cuando ya era viuda. Su marido héroe muere en la plaza de la Magdalena Josefa Buil natural de Barbastro se halló en dicha ciudad durante el segundo asedio haciendo fuego en una de las baterías de la plaza de la Magdalena en compañía de Benita Pórtoles natural de Alcañiz y Teresa Liera natural de Huesca, especialmente en la esquina de la calle Palomar en cuya casa habitaba la expresada Benita Pórtoles. Josefa Buil una vez ocupada la ciudad al igual que otras muchas no cejaron en su ansias de expulsar al invasor, en Barbastro crea una red de espionaje obteniendo información que pasaba a los ejércitos españoles, además de ofrecer cobijo a los soldados, causando grandes estragos al enemigo. Las mujeres fueron especialmente protagonistas de esta suerte. Los autópsicos coinciden en su brava defensa y ataque, además de lo habitual, con las armas en la mano. Ibieca nos dice que “las zaragozanas… en lo más rudo de la lucha animando y reforzando a los patriotas, de modo que algunas saltaron por los parapetos y fueron víctimas de su inconsiderado denuedo”. Casamayor dice que “cuando Palafox daba las gracias en nombre propio por las acciones iba seguido de varias mujeres que con sus fusiles habían estado en la acción”. Belmás por el contrario no hace mención de ellas, tal vez por ignorancia, tal vez por vergüenza de ser derrotados por quienes se consideraban incapaces de empuñar un arma, sea como fuere, los imperiales retrocedieron ante el empuje de los paisanos entre los que el contingente femenino era más que importante. Benito Blanquez, Muere el 3/1/1809, en la C/ del Pozo, natural de Juslibol, jornalero de 62 años,

CALLE DOCTOR PALOMAR(opcional en función al tiempo) Pedro María, muere el 3/2/1809, en uno de los ataques que los franceses dirigieron contra la ciudad, según resulta de la información de testigos que lo presenciaron. Manuel de Gracia Es licenciado de la Compañía de Cerezo en la que se hallaba encuadrado el 21/10/1808 por su estado casado. Alcalde de Barrio en el Cuartel de San Miguel. con fecha 1 de septiembre de 1808, solicita de Pa1afox “que, de sus dos hijos alistados en la defensa, Mariano de Gracia Mayor y Mariano de Gracia Menor, sea licenciado el menor al hallarse él imposibilitado debido al accidente sufrido, este estuvo con Juan Gudea para el resguardo de las puertas. Alega que es de profesión labrador con bastante hacienda que no puede administrar por lo antes explicado, alega que el menor es el más al caso para ello por ser invalido para el servicio al ser más bajo de talla” En el segundo Sitio estaba encuadrado en el 2º Regimiento de Infantería Voluntarios de Aragón. Solicitó el uso de la Cruz de Defensores.

Punto Corral Grande de la Morera Bartolomé Rotellar, Muere el 18/2/1809 a resultas de un balazo que recibió del ejercito enemigo en defensa de la ciudad en el punto del Corral Grande de la Morera de la calle Palomar, natural de Mediana de 40 años de edad, marido de Josefa Ibáñez, no recibe sacramentos, ni hijos, vivía en la calle del Portillo, es enterrado en el fosal de San Pablo. Su viuda expone que su marido tomó las armas en defensa de la justa causa y a resulta de un balazo que recibió en la cabeza el cual le partió el sombrero del cual se llevó un gran susto y que sin duda le provocó la muerte unos días antes de la capitulación. Tal resistencia y tesón frente a un enemigo muy superior en técnicas, se escapa de la comprensión de estos generales duchos en combates tradicionales de cierto corte caballeresco, aunque ya en fuerte declinación. Con el bastión de San José en su poder establecen una batería de cañones de asedio aprovechando el predominio natural del antiguo Fuerte desde donde machacan literalmente la Batería de Palafox, su proximidad y altura, hace que sea más efectiva. Causa estragos, crea una brecha en las defensas por la que pretenden pasar, siendo rechazados una y otra vez por los defensores, se percatan que no va a ser tan fácil l conquista. Entre muchos otros, caen esos días: Antonio Gayán, Muere el 22/1/1809 en la C/ Palomar, natural de Almonacid de las Ollas, de 70 años, Baltasar Mur, Murió el 27/1/1809, en la calle Palomar, de 50 años, Josef Zueras, Muere el 22/2/1809 en la habitación de su casa a resultas de un balazo que recibió del ejército francés en el ataque a la calle Palomar, natural de Sariñena de 46 años de edad. Esta situación les lleva a efectuar una salida el 23 de enero que, resultó exitosa como la del 31 de diciembre, siendo la última de ellas que se puede llamar así, por su envergadura y resultado. Estas salidas estaban encaminadas a estorbar y destruir la obras de los sitiadores, hacer prisioneros de calidad, al objeto de estar informados de los planes enemigos y trasladar la inseguridad propia a los de fuera, siempre son costosas en vidas, pero en Zaragoza lo que sobraba era eso vidas, hay un hacinamiento tal que se estorban unos a otros, no se dispone de fusiles para el total, se van entregando a medida que su poseedor cae abatido, en las salidas también se recogen estos, cualquier cosa que valga para armar a los de dentro, además de constituir un trofeo que se muestra para elevar los ánimos, no siempre y cada vez menos exaltados. El silencio de estos días no era gratuito los sitiadores habían concluidos las paralelas desde el Ebro hasta Santa Engracia, habían reforzado las baterías de San José y habían hecho preparativos para un ataque definitivo contra la posición del Molino de Aceite.

EL CONVENTO DE SAN AGUSTÍN Y LA CALLE DE SAN AGUSTÍN. Con Sta. Mónica ya en manos francesas se constituye en preciado bastión de ataque y consolidación de lo conquistado, será a partir de este punto desde donde se llevarán a cabo las incursiones sobre el vecino de San Agustín a través de un butrón abierto en el interior de la iglesia por donde los galos harán aparición en la misma parapetándose tras el Altar y haciendo fuego graneado contra los paisanos a los que cogieron por sorpresa al no esperar el ataque desde ese punto, allí entre otros muchos muere D. Buenaventura Martínez De Iñiguez, a últimos de enero de 1809 en el convento de San Agustín Calzado, presbítero, natural de Alfaro, Capellán que fue de los Tercios de Zaragoza Se dispara desde el coro, el púlpito, pilastras, hornacinas, etc., la lucha alcanza toda la estancia.

En el Corral de San Agustín muere Pablo Garcés, el 29/8/1808 a manos de los franceses, se enterró en el fosal del Hospitalico de Huérfanos, Pascual Montero, Subdiácono, murió a principios de febrero de 1809, a resultas de un balazo en el corral del convento de San Agustín, natural de la villa de Quinto. El monasterio queda en poder de los galos. En la torre del campanario se han colocado unos ocho o nueve paisanos debidamente pertrechados que arrojando bombas de mano a la plazuela de la iglesia les causa mucho estorbo y bajas, así aguantarán varios días, Belmás dice que un intento de recuperación de la iglesia desde la calle de los Frailes les permitió la fuga. La pretensión de los soldados imperiales es reunirse con los que avanzan por Puerta Quemada que de defienden de Saint Marc y sus bravos, con el objeto de recalar en La Magdalena, a toque de tambor se desplazaban por las calles de San Agustín y Palomar en las que encuentran una fuerte oposición que, les obliga a volver sobre sus pasos perdiendo incluso las posiciones reciente conquistadas, incluido el convento de San Agustín que volverá a manos de los sitiados aunque de una forma efímera. Los ejércitos imperiales que habían paseado sus invencibles banderas y estandartes por toda Europa, cruzando países, conquistando grandes y complicadas ciudades, venciendo ejércitos de prestigio mítico en menos de 20 días (para otros autores, 10 días); se encontraron que, una calle, una sola calle de tantas que, conformaban una ciudad española, defendida con asombrosa bizarría por paisanos y militares, carentes de esas experiencias bélicas que poseían sus enemigos, darán tanta batalla que tardarán más de esos 20 días en llegar a la Plaza de la Magdalena, distante de unos 400 metros aproximadamente. Eso es algo que se les escapaba a su entendimiento, era difícil mascullar esa situación y más difícil era participársela al emperador, convencido como estaba que a esta” chusma” se les dominaba con 70.000 soldados de leva, ¡qué equivocado estaba el estratega! Para doblegar su ánimo tuvo que emplear gran parte de su prestigiosa Armée, muchos de ellos dejarán la piel sobre las calles de Zaragoza, siendo esta “chusma” la que provocaría su destronamiento. Testigo perenne son los impactos efectuados por los franceses sobre la casa de la calle San Agustín esquina Viola, o las de la calle del Pozo efectuada por los españoles, ello nos da una idea de los sangrientos combates de una calle que el día de la capitulación aún respiraba.

Calle San Agustín (opcional en función al tiempo) Antonio Aguilar, Murió en el último asedio de la ciudad a la entrada de la C/ San Agustín de resultas de cuatro balazos recibidos por el enemigo, fue enterrado en el fosal de la Seo. Salvador Agustín, Murió a primeros de febrero de 1809 en la C/San Agustín a consecuencias de un balazo que recibió del enemigo, su cadáver fue enterrado en el fosal del Seo Pedro Palostrán, Murió en el Hospital a resultas de un balazo que recibió en el segundo Sitio en San Agustín. Pablo Partaña, Falleció en la voladura de San Agustín, calle del Fosal nº 146. Los avances quedan estancados, la oposición que ofrecen los vecinos es a ultranza, tras el rodillo galo solo quedan cadáveres y destrucción. En días siguientes el penoso avance francés continúa en los dos sectores recuperados, su objetivo llegar al Coso y la Magdalena, desde donde enlazarían con Sta. Engracia y el Carmen, unificando los ataques del centro y derecha en un esfuerzo común de asestar el definitivo golpe. hacia presa en los mal nutridos cuerpos; si sostener el asedio era ya infernal, esto superaba con creces las expectativas de resistencia del ser humano, no obstante, la lucha seguía y en ella se batían con la misma fiereza que en los mejores días, arrastrar a los muertos hasta el lugar de cremación, o simplemente apilarlos hasta que el carro pueda conducirlos a su última morada, frailes y monjes empuñando las armas…de Cristo para obtener el perdón de los pecados del moribundo, asistiéndoles en su último momento.

Entre todas estas desgracias se podía ver campear los únicos vencedores de todas las batallas; los Jinetes de la Apocalipsis, recogiendo sus cosechas. Manuel Chavarría participa en numerosos acontecimientos, uno de ellos es la introducción constante de pólvora burlando la vigilancia enemiga junto a otro cofrade Manuel de Gracia Cimorra. Vivió en la calle de San Agustín por la plaza de la Magdalena acera izquierda, en una casa propiedad del Convento de Sta. Mónica por la que paga al año 17 libras teniendo a su nombre. Tiene habitación en subarriendo a Joaquín Sierra albañil que paga 7 libras. Manuel Ruiz  En 5 de febrero de 1809, murió de un balazo al parecer en la calle de San Agustín, de edad de 33 años, Ignacio Lisón muere el 9 de marzo de 1809, de enfermedad en el Segundo Sitio, casado con Pabla Ruiz, muerta primer Sitio es alcalde del barrio de San Agustín cuando muere (cuartel de San Miguel).

ALCOBER, OLLETA, LOS FRAILES Y BARRIOBERDE. Mientras tanto en el ataque del centro, el día 6 ocupan las ruinas del Hospital de Gracia y emprenden el avance por ambos lados hacia el interior. Zaragoza ya es prácticamente suya. Las defensas se centran ahora en la zona de la calle de Barrio Berde y su zona de influencia, allí se recrearán episodios que ya se han dado en las calles vecinas y en otros lugares de la ciudad Rosa Ybor de Gracia sobrina del tío Jorge, muere el 7/2/1809, en la calle Barrioberde, soltera. Antonio Chavarría era otra de las víctimas, licenciado el 30/8/1808. Moriría en el Segundo Asedio. Se le concede a título póstumo, el uso de la Cruz de Defensores. Los impactos de bala y metralla asoman todavía hoy por cualquier fachada del barrio, en la Plaza de san Agustín, en Viola, Pozo, en cualquier calle que no hay sido reconstruida o rebozada la fachada. Son testigos mudos del pasado, aún se puede ver en sus entrañas metralla enemiga, hornillos excavados contra sus cimientos que desplomaban sus pesadas vigas sobre los escuálidos defensores que perecían bajo los escombros. La huella sigue latente, no por deseos de conservar esa impronta, sino por desidia de unas juntas municipales que nunca quisieron sobrepasar el límite que marcaba el Coso. La rabia de polacos y franceses se traducían en el asesinato y violación de los derechos más elementales, degollamientos de mujeres, hombres y ancianos, esa era la batalla, no había cuartel para nadie.

El 4 de febrero Palafox en una arenga promete hacer caballeros a los 12 que más se signifiquen en la batalla, tanta es la desesperación de este caudillo que ve como cada día es más menguado el territorio bajo su control. sus oficiales de crédito y valía van cayendo frente a las armas galas. el día 3 de febrero había muerto Marco Simonó del mismo modo que días antes lo había hecho Sangenis, observando los movimientos del enemigo desde la casa del canal, para contrarrestar las operaciones que iniciaran. La situación es muy difícil.

BARRIOBERDE Antonio Ybor Casamayor hermano de Jorge, Muere el 14-2-1809, en la calle Contamina con 65 años deja hija de 21 años, Su viuda solicita ayuda económica para subsistencia

ALCOBER Nicolás Ybor y María Casamayor. Domicilio de Nicolás y su mujer, donde nace la gens Ybor, vivía en la tercera casa en la acera derecha entrando por la calle Barrioberde, propiedad el capítulo de la Magdalena como la de su vecino. Jorge Ybor Casamayor, en esta casa nace y se desarrolla, mocea y gusta las primeras mieles de la vida, después tras su matrimonio se trasladaría al Rabal, el 21 de mayo de 1775. Cuando vuelva será su último viaje, muere de tabardillo en noviembre de 1808 a los 53 años. Entretanto, las condiciones de vida son penosas dentro de la ciudad, donde las enfermedades (especialmente tifus y disentería) se cobran hasta 700 víctimas diarias. Es imposible enterrar todos los cadáveres. Las cisternas de las parroquias se niegan a recibir más muertos, ya no caben en ellas, se abandonan en la calle convirtiéndose en nuevos focos de transmisión. Para evitarlo se pone en práctica las piras, dándoles fuego como se venía haciendo ya de forma sistemática. La capacidad de resistencia se veía cada día que pasaba más mermada. La falta de los principales recursos, alimentación, vestidos y munición por no hablar de la sanidad que a lo largo de este segundo asedio adoleció de una carencia importante, se hacía cada vez más patente, muchos de ellos abandonan los puestos sin esperanzas ni ánimos para continuar y se refugiaban en el interior bien en sus propias casas, donde a su llegada encontraban escenas dantescas, bien en hospitales y lugares improvisados de acogidas de heridos y enfermos. Los más responsables o aquellos que sabían que no tenían donde ir, se quedaban junto a los militares que adolecían de sus mismas carencias, se hacinaban en las posiciones donde caían desmayados sobre los cestos y sacos terreros, en su mayoría por la falta esencial de alimentos, ateridos de frío, no obstante, lucharon hasta el último aliento.

ZONA DE LA UNIVERSIDAD, PUERTA DEL SOL, La línea divisoria se establece desde el Arco Suelves hasta la esquina de los graneros, en la zona del Coso Bajo, este será el último bastión zaragozano. Se mantiene y es defendido por estos bravos defensores, entre otros muchos, Anselmo Rueda Romance que muere herido de una bomba defendiendo el Punto de la Universidad, fue enterrado en la iglesia del Hospitalico de Huérfanos. En ese momento desempeñaba el empleo de Sargento Segundo de la 1ª Compañía del Batallón de Gastadores de Aragón, encargado de la defensa de dicho punto. Los ataques se daban preferentemente por la noche en los últimos días del asedio. La lucha es encarnizada en la zona de la Magdalena, Universidad, Trinitarios, Sepulcro y Tenerías. Hombres como Sebastián Valencia, que es arrojado por los franceses en el pozo de Cristovalillas de la subida de la Trinidad, atado de pies y manos, su cadáver fue depositado a las puertas de la iglesia de la Magdalena, para su entierro. Tal es la barbarie desatada en ambos bandos. Otro de los caídos fue el joven capitán del 1º Batallón de Aragón, D. Francisco. Bejarano, Murió en la Bajada de la Trinidad, natural de Granada, soltero de 23 años. La batalla es casa por casa, una misma posición a lo largo del día o de la noche pasa de unas manos a otras, no hay cuartel en ninguno de los dos bandos. El municionamiento, aguadoras y suministros son servidas por las mujeres esposas de los campesinos que allí luchan, ayudadas por otras sin distinción social o de alto puesto, algunas caen abatidas, Tomasa Dieste muere en la C/ del Sol natural de Zaragoza de 34 años, viuda de Cipriano Lallana días antes había caído en san Francisco o Joaquina Guillen, natural de Castejón de Valdejasa de 40 años, no hay piedad para nadie. Es un lugar dantesco lo que van conquistando los franceses, solo muerte, hedor, epidemia, figuras esquemáticas de lo fueron, deambuladores sin destino, idos, la gloria se había recreado y parecía burlarse de aquellos tenaces defensores.

Uno de los artífices de la zapa y hornillo galo, fue el ilustrado Jean Baptiste Antoine Marbot era hijo de militar, escribió varias obras de carácter militar y es especial sobre asedios y fortificaciones, siendo “Las Memorias del General Barón de Marbot” una de las más interesantes por lo que respecta a los Asedios de la ciudad, en ella pone de manifiesto la obstinación de los zaragozanos y su guarnición en su defensa: “El encarnizamiento de los españoles es tan grande que, aun cuando los martillazos producidos al minar una casa les anunciasen la muerte, ellos no abandonaban la habitación que habían jurado defender. Nosotros les oíamos entonar sus letanías y después, tan pronto como las paredes lanzadas al aire por la explosión volvían a caer con estrépito, aplastando a la mayor parte de ellos, los que escapaban al desastre se agrupaban sobre los escombros y trataban de defenderlos atrincherándose”. No obstante, las fatigas de los sitiadores empezaban hacer mella en su disciplina, motivadas por lo que les parecía no tener fin, a cada español muerto se levantaban dos con más bríos, a cada tapia, casa desmontada por la artillería y el hornillo, se levantaban otras más sólidas, esa situación de continuidad que parecía no tener fin los exasperaba. Las tropas cansadas de tanta lucha para la que no se hallaban preparados peleaban con denuedo cuerpo a cuerpo con los defensores donde llevaban la peor parte, pues sus tropas y oficialía más selectas eran víctimas de la furia de los sitiados. Estos sacrificios no llevaban a ninguna parte, Rogniat tenía que sostener el espíritu de sus soldados mediante proclamas al uso Palafoxiano renovando con ello su ardor guerrero. Estos combates se ganaron por la zapa y el bombardeo con un fuerte sustrato epidémico, falta de munición (los molinos de pólvora apenas generaban para sostener un día de asedio). La brutalidad de unos y otros no tiene medida, los actos de heroísmo por ambas partes están rivalizadas, el fiel de la balanza está agotado es muy difícil decantarse por uno u otro bando en este concepto; algo parecido sucede con las posiciones de defensa. El fragor de la batalla era dantesco, a la imaginación le cuesta recrear el infierno que se escapa a la razón, situaciones que vivieron aquellos seres, las balas, los tiros inesperados cuando pasaban por la grieta de una tapia provocada con un hornillo. Los sitiados se emplearon a fondo, en medio de las granadas y balas rasas o bombas que escupían constantemente la artillería enemiga, tropas y paisanos lucharon con denuedo. Según noticias de los Cuerpos y Compañías que había en el Cuartel General de Palafox estaba defendida por la Compañía de Monzón al mando del capitán Francisco Zazuerca, sin embargo, el día 11 de enero de 1809 serían los suizos y Guardias Walonas 29 hombres, 1º de Voluntarios con 8 aragoneses y 32 catalanes. 2º de Voluntarios 188. Cazadores de Fernando VII 65 hombres, Regimiento de Cazadores de Valencia 104, Compañía del Portillo 160, Campo Segorbino 110. Fijos de Valencia en la casa de González 42 hombres en total. Los que se enfrentarían a los sucesos de la batería del molino de aceite o de Palafox y a la caída del Fuerte de San José. Algunos desertaban (los menos) como un oficial suizo (tradicionales mercenarios) que con 43 de sus hombres, el día 10 de febrero de 1809, se pasó al francés dando información de las defensas, estado de ánimo, víveres y emplazamientos defensivos) traicionando a sus, hasta hacía un momento, compañeros de lucha. En esta ocasión Roma sí pagó a traidores.

El día 11 fue arrebatado a los defensores el convento de San Francisco, después de cuatro días de encarnizada lucha. Los imperiales asomaban ya por el Coso. Con esta acción queda estabilizada la situación la batería de las Piedras del Coso supondrá un freno para el francés; a partir de ahora los ataques se concentrarán solo sobre La Magdalena, y el Gallo, últimos bastiones de resistencia, que, junto con el Rabal, causarán todavía grandes quebraderos de cabeza a los generales francos, en esta zona oriental de la ciudad. Los defensores se sostienen gracias a los incendios de las casas contiguas provocados por ellos mismos con haces de leña impregnados de brea. Antonio de Gracia en esas fechas luchaba denodadamente junto a sus compañeros, estaba encuadrado en el Real Regimiento de Infantería de Fernando VII en el empleo de Sargento 2º.

El día 12 de febrero de 1809 a las 3 de la tarde habiendo volado dos casas de la calle Arcadas, próximas a la Puerta del Sol y calle de Aljaceros, se ordena a los polacos del 3º del Vístula cargar; intentaron entrar en bayoneta calada por las calles de Arcadas y San Agustín para salir por la Puerta del Sol, pero son abatidos por los paisanos que les hicieron un fuego de fusilería terrible, acudiendo más paisanos a la novedad, reforzaron la zona de Universidad y Coso Bajo. Otra vida sesgada cuando aún no había empezado a gustar las primeras mieles de la vida Antonio Gasca Gimeno, Soldado de los Tercios Aragoneses, natural de Encinacorba, muere de un balazo, cuando conducía una caja de cartuchos al Punto de la Puerta del Sol. O el veterano el mayor inquieto que no espera a que le digan, él quiere ser el que lo cuente. Le costó la vida. Manuel Lasala. Artillero que contuvo a los enemigos que entraron en la Plaza de la Magdalena,, con fuego de cañón que les hizo desde la Puerta del Sol, murió de sofocación (asfixiado). Al día siguiente aún no habían recogido a sus muertos de esa acción, se hallaban desparramados por las ruinas de las casas y por las calles por donde habían pretendido entrar por una brecha que no existía en ese momento. El único convento de la zona que queda en pie en esas fechas es el de la Resurrección, cuyo cementerio ya daba albergue a ingentes cantidades de cadáveres. En la calle se lucha por cada palmo de terreno, los ataques provenían desde la zona de Palomar, siguiendo las instrucciones de Lannes el avance era lento pero seguro, fijando posiciones que les permitía aguantar un contraataque enemigo y rechazarlo con cierta seguridad. Por la noche al amparo de la oscuridad y el cansancio de los defensores levantaron un montículo que aterrazaron para colocar una batería que atronara la parte del Coso Bajo. Las calles de Arcadas y Algaceros son un hervidero, su estrechez permitía colocar un cañón del 12 y barrer literalmente toda la tropa que se dispusiera en avance hacia la Puerta del Sol. Francisco de Gracia Ximenez, fue uno de los muchos que cayeron ese día, estaba encuadrado en la Compañía de D. Mathias Carrica otro fue Mariano. Buil, Muere el 13/2/1809 a resultas de un balazo en la calle Arcadas. Este ímpetu y derroche de valor supuso aguantar la posición un poco más pero su destino ya estaba marcado. Palafox en sus proclamas no ceja de intentar elevar los ánimos de aquellos que ya no les queda nada.

LAS TENERÍAS era un barrio destinado a la fabricación de corambres (Conjunto de cueros o pellejos, curtidos o sin curtir, de algunos animales, y en especial del toro, de la vaca, del buey o del macho cabrío.) donde serán apreciados sobre todo los curtidos las vitelas y pergaminos, desbancando a Brea en los cordobanes. También existían unos hermosos mesones en los accesos a pie de camino, en la zona de la Puerta del Sol se hallaban los del mismo nombre, la Portaza, de la Luna etc., propiedad de la mojas de Sepulcro. En la zona de la Puerta del Sol donde los combates llegaron alcanzar altas cotas de intensidad, fueron rechazados sistemáticamente por los defensores logrando reocupar casas en poder de los imperiales desde donde les causaban serios estorbos. Estos no supieron aprovechar esta ventaja. La despreocupación por asegurar las posiciones recuperadas hará que los galos con pocos esfuerzos vuelvan a posesionarse de ellas centrando sus objetivos sobre la Universidad, los ataques de minas no cesan quieren abrir brecha a toda costa, es imprescindible conquistar ese punto que tanto daño les causa. Francisco Oliver, Murió el 4/2/1809 en las Tenerías, natural de Hijarde 63 años, Blas Muniesa, Joaquín de Gracia Camorra, jubilado, mueren en la zona de Tenerías, donde los franceses habían colocado minas y hornillos, En estas fechas estaba encuadrado en el 2º Regimiento de Infantería Voluntarios de Aragón. Los enfrentamientos serán en esta zona principalmente después de la explosión un intento de avanzar sobre las posiciones minadas, asegurar y volver a minar hasta llegar a sus objetivos finales. La Universidad era el bastión a batir. La Magdalena es todavía una zona de combate. El Arco de Suelves no ha sido conquistado aún, esto supone que la capacidad de batir la zona que se extiende a sus pies es muy amplia, y por lo tanto un peligro latente para los atacantes.

El día 15 de febrero Palafox presentaba síntomas de enfermedad, su aspecto tan deteriorado insuflaba escasos ánimos a sus tropas y paisanaje, sus decisiones marcan ya el desvarío que le producía la fiebre, veía traidores y enemigos por todos lados, su continua queja sobre las indisciplinas de los paisanos fundamentalmente y los traidores que socavaban la moral de las tropas, daba pie a los más exasperados a ejecutar en la horca a numeroso paisanos cuyo delito en la mayoría de los casos eran por antipatías particulares y otros subterfugios, la más mínima sospecha desembocaba en el cadalso sin que nadie pudiera hacer nada por salvar aquellos pobres infelices. Sus decisiones eran cuestionadas por lo de suicidas tenía. Diariamente mediante sus acostumbradas proclamas exhortaba a continuar la lucha hasta la última tapia, no contemplaba la rendición y así se lo hacía saber a sus edecanes y generales, había que luchar hasta el último aliento. Emite la siguiente proclama “los que os hallasteis en la Puerta del Sol y la plaza de la Magdalena habéis cumplido con las obligaciones de buenos ciudadanos…justo es pues que os señale a todos con el escudo de distinción y que tengáis abierta la puerta para pedirme las gracias que necesitéis para alivio de vuestras mujeres e hijos…”. Estos serían los últimos estertores de un león herido de muerte, los días de resistencia ya están contados. Manuel Romeo Muere de una bala de cañón, de 33 años de edad. Se halla encuadrado en la Compañía de Escopeteros de Sas, 1ª Compañía, 3ª Escuadra. Manuel Gayan, Murió el 23/12/1808, en las Tenerías, plaza de la Rebolería nº 13, de 29 años natural de Fuentes de Ebro y Valero Gonzalbo, Murió el 24/2/1809, en Tenerías, plaza de la Rebolería nº 10, soltero de Zaragoza.

El día 16 de febrero. El combate por la posesión de la parte izquierda y la Puerta del Sol donde llegaron a colocar un obús en la batería de la calle Arcadas, inician los trabajos de zapa en la calle Mayor de las Tenerías y posesionarse de una manzana de casas que había al frente. Mariano Ricao, posiblemente fue uno de los que impidieron ese día la ocupación de las casas adyacentes a la Puerta del Sol, los polacos encargados del asalto fueron rechazados en la lucha cuerpo a cuerpo con los defensores que les obligaron a retirarse a sus posiciones primitivas, esta defensa les obliga a emplear su artillería para abrir brecha en los débiles muros defensivos de la antigua muralla, en la que como hoy se puede observar existían casas adosadas a ella por donde los defensores parapetados entablaban combates sin retroceso alguno. Los muertos no paraban de aumentar era desesperante se luchaba sobre cadáveres, Rogniat decía “en verdad perecían cada día centenares; las casa, lunas y vagos que ocupábamos estaban sembrados de cadáveres, en términos no conquistábamos sino un cementerio” la lucha desenfrenada, sin descanso, sin alimentos, apenas sin munición, provocaba ese esquematismo de figuras yertas, mal vestidas, pero con un coraje inusitado que les lleva a rechazar continuamente al ofensor, esa fuerza interior que parecía inagotable y de difícil explicación, emanaba de su crítica situación donde la desesperación y la desconfianza jugaban un papel decisivo. Comienzan los atacantes a preparar minas contra la Universidad, vista la imposibilidad de conquistarla al asalto, el costo de vida sería altísimo, esta se hallaba apoyada lateralmente por una casa adosada a la muralla junto a la Puerta del Sol que habían convertido en un baluarte de fácil defensa, las tropas imperiales habían chocado en varias ocasiones frente a sus paredes dejando tras de sí muchos bravos soldados que ya no volverían a erguirse orgullosos de su Armée. Durante varios días se resiste en esas posiciones, cada vez más costosas de mantener. En la otra orilla.

A las 3 de la tarde de ese día 18 cuando el Arrabal hubo caído prendieron los hornillos que previamente tenían cargados con 1.500 libras de pólvora vuela por los aires la Universidad después de haber soportado diez ataques contra sus paredes, es por fin la traidora zapa la que destruye lo que de otra forma no habían sido capaces de conquistar. Antonia Pómez y Josefa. Mongay, murieron en Tenerías natural de Fuentes de Ebro, cuando amunicionaban y llevaban agua a los sitiados. Ana. Plo, Murió en la plaza de la Rebolería, natural de Blesa de 62 años viuda de Joaquín Mombiela que había muerto el 1/2/1809 en el Hospital de la Sangre de San Ildefonso como consecuencia de haber sido herido gravemente por el enemigo.

 Apenas amaneció el día 19 se oyó un tremendo estruendo provocado por una explosión de una mina, voló por los aires la iglesia de la Trinidad y se perdió la Puerta del Sol. Las bombas y granadas lanzadas sobre la ciudad sobrepasaban ya las 20.000 desde el inicio del asedio. En la batería de las Piedras del Coso, dentro de la iglesia de la Trinidad y ante los restos de Jorge Ibor se mantuvieron los últimos combates contra las tropas imperiales, la carnicería sobrepasaba la lógica y la ética guerrera, en aquella situación no se respetaba ni tan siquiera a los caídos que los utilizaban como parapetos, refugio de los proyectiles enemigos, la resistencia fue tenaz, finalmente los galos empujan a los defensores a posiciones más retrasadas haciéndose dueños de la calle Arcadas y la Puerta del Sol aunque esta con tímidas resistencias que fueron sobrepasadas rápidamente. En él entre otros estuvieron ese día Joaquín Salas Murió en las Tenerías, plaza de la Rebolería Nicolás Tejedor. Murió en la calle Mayor de dicha parroquia, Zaragoza ya estaba definitivamente perdida. Su avance a partir de ahora será fulminante, no obstante, la defensa también será cada vez más enraizada Josef Gil, murió en la plaza de la Rebolería haciendo les frente a las incursiones galas que provenían del Ebro, tenía 66 años de edad. Desde el convento se les hacía vivo fuego, fue continuo sin cuartel por ambas partes por su rápida conquista pensaron que podían tomar toda la zona del Boterón, esta inesperada resistencia les impidió entrar en la iglesia viendo que no les iba a ser fácil aseguraron sus posiciones y redoblaron la guerra subterránea que fue contrarrestada en algunos puntos por los defensores. De esta defensa diría un oficial francés admirado del comportamiento de sus defensores “estas casas solo pueden tomarse a costa de grandes sacrificios. Es necesario minarlas y hacerlas volar una tras otra, echar abajo los muros divisorios y avanzar entre los cascotes”. Un día se toman cinco o seis casas, otro un convento, y otro una iglesia. Ha sido preciso formar calles interiores en medio de las ruinas para trasladar la artillería y las municiones. Entrada la noche del 19 el enemigo se internó en la calle del Sepulcro por el foso de la batería allí colocada, se toca generala los galos entran a cuchillo degollando todo lo que encuentran cometiendo todo tipo de excesos. El contraataque de los defensores les obliga a retirarse dejando sobre los escombros unos cuantos cadáveres que como otros antes de su cremación, serían pastos de perros y ratas. La ayuda que su hermano el marqués de Lazán debía prestarle a Palafox, no llegará nunca, las esperanzas de Zaragoza residen solo en sus defensores, que ya no son ni sombra de lo que fueron. El agotamiento, la malnutrición, la escasez de lo esencial, la moral destrozada, sus jefes más relevantes caídos, será una losa imposible ya de levantar. No obstante, no están dispuestos a rendirse, las frases de “hasta la última tapia”, o “debemos perecer entre sus ruinas” parecían estar vigentes, Galdós contribuiría a esa acepción con su famosa frase “Zaragoza no se rinde. La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo se abrirá vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entre los escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde”. Estas frases épicas que insuflan grandes dosis de patriotismo más propias de las épocas románticas, nos dan una idea de la grandeza del holocausto zaragozano y de la bizarría de los agresores que tanto sufrieron para conseguir su meta.

Tañerías o Tenerias (opcional en función al tiempo) Francisca. Campos, Muere el 20/12/1808 en Las Tenerías natural de Villanueva de Gállego de 50 años. Antonio. Casabona, Murió el 11/2/1809 en las Tenerías, natural de Mediana de 34 años. Josef Labarta, Muere el 31/12/1808 en Las Tenerías, natural de la Almolda, jornalero de 67 años,

 Calle Mayor Hoy Alfonso V (opcional en función al tiempo) Joaquina Fleta muere en el 2º Sitio en su casa de la Calle Mayor, el 28/02/1809.

CONVENTO DE LA RESURRECCIÓN Durante el primer Sitio, Se colocan cañones en el convento del Sepulcro para batir los posibles ataques que desde el Gállego y la ribera del Ebro pudieran efectuarse, para ello a los escopeteros también se les habilitó sitio en el convento, en su baluarte para acolchar algunas piezas de artillería que enfilasen a ambos lados para dañar al enemigo. Se aterrazaron sus almenas, se abrieron aspilleras, se acomodaron las salas y estancias de las religiosas para el nuevo uso que de él se iba a realizar. Las monjas colaboran en todas las tareas facilitando la labor a los defensores, seguramente se les invita a salir del recinto, pero ellas se niegan, permanecen en él hasta bien entrado el segundo asedio. No habrá noticias importantes de enfrentamientos hasta el día 1 de agosto, al igual que el mes anterior, también con el primer día se inicia un intenso bombardeo preludio de un intento de invasión, pero esta vez no coge de sorpresa a nadie, la guardia de la Torre Nueva funciona a la perfección moviendo a los vecinos como piezas de una partida de ajedrez, evitando los daños del primer bombardeo, no obstante la escasez de alimentos de primera necesidad, la continua quema de mieses, destrozo de huertas y matanza de ganado que no pueden transportar, unido a una carestía descomunal de los productos necesarios, como carne, leche y pan, sí empezaba hacer mella entre la población, aquí Lorenzo Calvo Rozas tuvo que hace malabarismos para contentar a una población especialmente violenta fruto del desespero de la falta de alimentos.

Entre los que luchan esos días se hallan cofrades del santo Sepulcro, defendiendo el último bastión de su querida Cofradía, la iglesia de San Nicolás y la iglesia baja del convento, sede natural de la Cofradía desde principios del siglo XIV, se hallan: Benito de Gracia, Vicente Gil, hijo Posible soldado de marina incorporado a la resistencia Antonio Durague, es alcalde del barrio del Sepulcro en 1808 (cuartel de la Seo) muerto sofocado (asfixiado) en el segundo sitio a causa de un ataque francés. Sus moradoras hacía escasos días que habían abandonado el convento por la peligrosidad de su estancia en él. Ahora serían los cofrades los encargados de velar por sus muros, haciendo fuego desde ellos al enemigo, es el último convento que queda en esa área de Zaragoza en poder de los españoles, este nunca fue conquistado, pues la capitulación le salvó de ello, y de ser destruido por las minas que ya existían bajo su muros dispuestas a explotar, si el asedio hubiese continuado. Nicolás Arnal, se hallaba aquel día en ese punto junto con otros cofrades, llorando la pérdida en manos profanas de su sede espiritual donde había participado en muchas ocasiones de su conservación, no hacía mucho tiempo que se había restaurado parte de la iglesia baja, se habían arreglado los bancos y acomodado al Yaciente, con un alto costo para la Hermandad. Manuel de Gracia Carlos De Gracia de 14 años y Remigia de Gracia de 12 años que habitan en la calle del Sepulcro nº 100, son hijos de Manuel de Gracia y de Nicolasa Campos ya difuntos. El padre falleció a resultas de un balazo algún día después de la capitulación de esta ciudad, se duda si fue dirigido de algún francés o de algún fusil de los que habían dejado los soldados españoles y los estaban sacando del convento del Sepulcro a la calle, pero antes se había empleado en la defensa de la ciudad.

Baterías Puente De Tablas Tomas Balbova Sanjuan, natural de Tudela,. Muere el 24/1/1809, despedazado por una bomba dirigida por el ejército francés, el cual se hallaba haciendo fuego al enemigo en la Batería del Puente de Tablas, su cadáver fue sepultado en la iglesia parroquial de Sta. María Magdalena donde le condujeron con un volquete del canal (dado su estado) para su entierro.

 Sepulcro Su casa fue bastión desde los primeros momentos en los que se crearon baluartes de defensa con instalación de cañones para batir el posible ataque proveniente de la zona cerrando así el cinturón defensivo del Primer Asedio. Ibieca nos informa que “también habilitaron parte del convento de monjas del Sepulcro para colocar piezas”. Casamayor amplia que además “los habían colocado el día 28 de julio para protección de aquellos labradores que iban a cosechar sus mieses y recoger los frutos de las huertas que en competencia con el sitiador se disputaban día a día con numerosas bajas por ambas partes”. Se realizan en previsión de posibles ataques por la parte del vado del Ebro en la confluencia con la desembocadura del Huerva apoyando la línea del río y, por su posición elevada también si llegara el caso por la parte de tierra; otras piezas se colocan en las proximidades de sus murallas para batir posible ataque de la zona de la Huerva, ataques que se llevaron a cabo donde se distinguieron entre otros los cofrades Agustín de Gracia en su mandato se inicia el segundo sitio. Hay un Agustín de Gracia como alférez nombrado en el 1º batallón ligero de Zaragoza. Muere en 1842. Mariano de Gracia Muere el 6/2/1809 de 38 años. Simón Berna vivía donde muere en la calle del Garra, acera derecha entrando por la del Sepulcro, al mismo tiempo sirven de apoyo en la defensa de aquellos combatientes que salen de la seguridad de los muros a recoger las hortalizas y frutos del campo de sus huertas próximas a la ciudad, donde los franceses hacen su agosto y baten a los que osan salir, mucha es la necesidad y eso le obliga a desafiar una muerte cierta que a pesar de ella compensa los esfuerzos soportados. Naturalmente la casi falta de murallas sólidas que salvaguardarán la ciudad de los ataques galos, (Zaragoza nunca se ha distinguido por la conservación de su patrimonio) suplida por los pechos de sus vecinos, no iba a ser despreciado este lienzo conservado merced a la existencia del Convento que, desde el siglo III de nuestra Era, había protegido a la ciudad venciendo otra intentona franca en el pasado, cuando al frente de sus tropas Carlomagno emperador franco intentó conquistarla. Las monjas resisten el embate, ayudan codo a codo a los heridos, entierran en el fosal de la iglesia (propiedad del Convento) a los caídos.

Ellas debieron suplir a las aguadoras, enfermeras eventuales, municionadoras, etc., que en otros lugares lo cumplían el resto de mujeres, probablemente implicadas como el resto de vecinos de la ciudad en su defensa. La situación se hace ya insostenible por lo que se procede a su traslado, no del agrado de estas enconadas resistentes, no quieren dejar aquello por lo que viven, abandonar a sus hermanas yertas, al final aceptan lo irremediable, son situaciones críticas difíciles de describir donde para su entendimiento solo cabe la imaginación de lo que pudo haber pasado. Su traslado se debe ubicar entre el 15 y el 19 de febrero. En la primera fecha se recoge la muerte de Josefa Andreu profesa de Coro en la parroquia de San Nicolás, por lo tanto residente aún en el Convento, monja de 20 años que no recibe ningún tipo de sacramento, en pleno Sitio, la causa de su muerte es de fácil deducción; sin embargo el 19 Catalina Ortega muere en la parroquia de Santa Cruz, (al igual que su compañera, no de muerte natural) donde se dirigieron muchas de ellas, con su Priora al frente, en busca del obligado refugio impuesto por el avance enemigo y gran peligro que existía en el convento. En su marcha hacen entrega de las llaves al Mayordomo de la Cofradía del Santo Sepulcro a la sazón Agustín de Gracia, éste y los sucesores abren la iglesia solo para celebrar actos de la Cofradía; hay que recordar que en ningún momento se faltaron a los actos que la Cofradía tenía programados, ni incluso, en los días más ácimos del Asedio. Estos las custodiarán hasta el 1813, fecha en que regresan definitivamente las sobrevivientes siendo Mayordomo Juan Jiner. De todas las defunciones que se llevaron a cabo hay que traer a la memoria que, solo los cofrades del Santo Sepulcro eran los únicos debidamente autorizados para, transportar en su último viaje a las canonesas del monasterio; según consta en escritos de la época. Mas es costumbre; no un privilegio. La aportación de las canonesas fue realmente ejemplarizante, fueron diezmadas en el Segundo Sitio, su sacrifico al final del conflicto supera también con creces a otras órdenes religiosas femeninas de la ciudad. El 21 de septiembre de 1813 reciben la orden del Prior de Calatayud, D. Ángel Foncillas de regresar al convento que les entrega el canónigo D, Manuel Oliver, conocido de la Orden. Juan Giner es el encargado de devolver las llaves del Convento a las Monjas que regresan de su “forzado exilio”. Sólo lo realizan seis de coro y tres legas, las damas habían sucumbido a las balas, metralla y epidemia, con honor y gloria tal cual se habían conducido tanto en su época de apertura monástica como en la clausura, la muerte,

El convento no era ni sombra de lo que fue, se hallaba en total ruina merced a las resistencia enconada de los defensores, sus torres desmochadas, sus patios yertos, cual clámide mortuoria, sus instalaciones destrozadas, sus puertas y ventanas desvencijadas, su mobiliario sacrificado en pro de la defensa, su pequeña huerta desertizada convertida en improvisado anárquico almacén de desechos bélicos, no había quedado nada servible y que no hubiese sido profanado, una vez recogidos los numerosos muertos que allí quedaron, las armas que abandonaron o, ya inútiles por carencia de defensores que las empuñaran, olvidadas de la razón, no perdieron su poder letal aún con ellas provocó la muerte de un cofrade Manuel de Gracia que recibió un impacto fortuito al hallarse cargada y presta para hacer fuego, que algún defensor debió de abandonar, cuando procedían a su retirada en una labor de requisa de armas, ordenado por el invasor. No fueron todas recogidas, alguna quedaría olvidada de los años entre los recovecos de los muros del Convento, junto con metralla, cascos de bombas, o cualquier otro vestigio del castigo que sufrió el inmueble y la arruinada iglesia parroquial de San Nicolás unida al mismo convento en la que tenían su Coro. En la jornada de la noche del 18 al 19 y siguientes hasta su capitulación, la zona del Sepulcro fue triste protagonista de los sucesos agónicos de una población que se resistía a capitular; no todos entendieron que en contra de los deseos del general, Zaragoza debía ceder sus armas al francés, no todos acataron la orden, hubo escaramuzas.

C/ DEL GARRO (opcional en función al tiempo) Simón Berna vivía donde muere en la calle del Garra, acera derecha entrando por la del Sepulcro, casa propiedad del Capítulo del Pilar su renta anual es de 13 libras y 10 sueldos, la tiene a su nombre sin subarriendos Felipe Ruiz Salas casado con Antonia Romeo, muere en 1808 primer Sitio. Parroquiano de la Seo: vivía donde muere en-la calle de Garra acera izquierda entrando por la del Sepulcro, en una casa de su propiedad la casa hacia la casa hacia esquina. Tiene bodega de vino con capacidad de 30 carretas la usa en exclusivo, no sabe cuánto pediría por su arriendo.

CONTRALPERCHE o CONDE DE ALPERCHE (opcional en función al tiempo) Joseph Doz. Se le concede, el uso de la Cruz de Defensores. Manuel de Gracia Carlos De Gracia de 14 años y Remigia de Gracia de 12 años que habitan en la calle del Sepulcro nº 100, son hijos de Manuel de Gracia y de Nicolasa Campos ya difuntos. El padre falleció a resultas de un balazo algún día después de la capitulación de esta ciudad, se duda si fue dirigido de algún francés o de algún fusil de los que habían dejado los soldados españoles y los estaban sacando del convento del Sepulcro a la calle, pero antes se había empleado en la defensa de la ciudad.

PANTEÓN DE LOS LAZAN

Colegio de la Trinidad. PP Trinitarios Calzados. Su fundación tuvo lugar en el año de 1570 con el producto de las limosnas de los fieles, y principalmente con lo que ayudó al efecto el convento de San Lamberto. Dentro del poemerium estaba situado al norte de la Universidad Literaria, delimitado por las calles Subida de la Trinidad, Trinidad y calle de la Puerta del Sol. En junio de 1837, su recinto era uno de los estimados idóneos, por las autoridades militares, para albergar un polvorín; función desestimada por carecer la ciudad de otro lugar adecuado para trasladar el presidio “que allí se encierra”.

Este Colegio, al final, no funcionaría como presidio ni como polvorín. Tampoco fue subastado para su venta. La Junta Provincial de Gobierno decidió un destino más acorde con el prestigioso servicio prestado mediante su docencia. En frase de Casamayor “de él salieron muchos catedráticos famosos en todos los tiempos”. Por tanto, en septiembre de 1840, la Junta ordenó entregar las llaves del Colegio de la Trinidad a la Universidad Literaria. El día 15 de noviembre de 1808, muere Jorge Nicolás Ibor Casamayor protagonista junto con otros labradores del Gancho de la resistencia zaragozana en el Primer Sitio, custodio de Palafox, que lo honra dándole sepultura en la iglesia donde se hallaba la cripta de los Lazan, en el colegio de Trinitarios Calzados que había en la Subidica del Sepulcro en la posterior Universidad vieja, hoy IES D. Pedro de Luna. Curiosamente en el barrio de su naturaleza y descanso eterno, carece de monumentos que le recuerden como el luchador que fue, protagonista en los inicios del Primer Asedio. la ciudad se halla aún en deuda con este tan castigado y castizo barrio zaragozano.

LA CAPITULACIÓN EXPLICADA EN LA PLAZA DE ASSO Ignacio Jordán Claudio de Asso y del Rio, también conocido como Melchor de Azagra, fue un jurista, economista, naturalista, e historiador zaragozano, es autor de varias obras, quizá las más relevante de ellas sea de Historia de la Economía Política de Aragón por su proximidad espacial. En la época de la ocupación francesa colaboró estrechamente con Palafox, haciéndose cargo de la confección de la Gazeta extraordinaria de Zaragoza, las proclamas, discursos y arengas, boletines, etc., que empleaba el caudillo para mantener informando a los combatientes, animándoles y sacando lo mejor de ellos para ofrecerse en sacrificio por la Patria. Tras la ocupación huyó a Murviedro (Sagunto) y Palma de Mallorca, volviendo en 1814 siendo recibido como héroe de la resistencia. Mariano Miedes. Posible colaborador de Jordán de Asso. Impresor, su industria se hallaba en San Pablo, sirvió en los asedios desarrollando su oficio, imprimiendo las gacetas, proclamas y cuantos papeles se le encomendaba en medio de una lluvia de bombas, granadas y balas, y por cercarle su casa el enemigo a quienes contraatacó con las armas en la mano en muchos de los ataques con más de 50 hombre útiles para las armas que reunió a finales del segundo Asedio se le concedido un escudo de distinción, solicitando la acreditación documental de dicha condecoración. El 11 de septiembre de 1814. Solicitó el uso de la Cruz de Defensores.

La situación sanitaria en la ciudad era deplorable, cada día se enterraban en las ya saturadas cisternas y carnearios de las parroquias, El gobierno de la ciudad habilita allá donde puede improvisados cementerios que den cabida a los incontables, ante la superación de esta catástrofe, se procede a lo que ya se viene haciendo desde hace semanas allí y en otros lugares, la cremación, estas piras albergaran amigos y enemigos todos juntos serán pasto de las llamas que consumirán su odio así como sus cuerpos, no quedando de ellos ni el recuerdo de sus nombres. Esta medida cada vez más extendida dará al traste con las investigaciones posteriores sobre determinados personajes que formarán fila entre los “desaparecidos”. Fallecían ya diariamente víctimas del hambre o de la epidemia de 600 a 700 personas, solo de enfermos y heridos, sin contar el censo de batalla. Miles y miles de cadáveres insepultos obstruían en grandes montones las plazas y los alrededores de los templos, produciendo su putrefacción una atmósfera letal; por todas partes heridos y enfermos sin asistencia; y las bombas y toda clase de proyectiles seguían cayendo sin cesar aun en los barrios más distantes de la inmortal ciudad. Enfermo de extrema gravedad, pues había recibido la extremaunción, Palafox jefe y defensor de la resistencia a ultranza, cede sus poderes a una Junta presidida por Pedro Mª Ric, barón de Valdeolivos a la sazón regente de la Audiencia.

La comisión se habían reunido en la noche del 19, para valorar el estado de las fuerzas, posibilidad de resistencia, municionamiento, víveres, etc. en vista de que no podía contarse más que con unos 2.800 hombres de Infantería y 260 caballos para el servicio del Arma, según los respectivos inspectores; que todas las existencias de pólvora consistían en seis quintales, que eran los que podían elaborarse cada 30 horas, los molinos no daban abasto además la pólvora carecía de calidad, pues en muchas ocasiones no llegaba a deflagrar con la pérdida de oportunidades y la desesperación de los hombres que combatían en las calles y plazas de la ciudad. Solo estaban en situación de resistir un poco más la Aljafería y las puertas de Sancho y del Portillo, según manifestó el coronel Zappino, de Ingenieros. Ante estos informes negativos y para evitar un suicidio colectivo que no hubiera conducido a nada, se decidió por mayoría de votos la capitulación, contra el deseo del pueblo y de algunos representantes, incluido el confesor de Palafox, que trataban de extremar todavía la resistencia hasta hacer todos, el sacrificio de su vida por la patria. Se envía un emisario para negociar la capitulación de la ciudad. Tras la convocatoria de Lannes para lo que desplazó a un oficial a tal fin, se personaron el día 20 D. Pedro Ric, con otros vocales, en el cuartel general francés, y con el mayor desprecio les hizo saber Lannes que, “Se respetarán las mujeres y los niños,” con lo que queda el asunto concluido. “¡Ni aun empezado!, replicó con firmeza Ric, pues Zaragoza tiene todavía para defenderse armas, municiones, y sobre todo puños”. El desdén con los que son tratados aquellos bravos defensores por parte de Lannes y su ejército que les llega a culpar de todas las desgracias de la ciudad recayendo sobre sus cabezas las consecuencias derivadas de las mismas. No fueron tratados como iguales ni tan siquiera al ejército regular, que tan bizarramente se habían batido, ni tan siquiera su comandante en jefe, recibió los honores debidos e imperantes en la época. La primera medida que toma el francés es colocar una guardia a las puertas de la habitación donde se hallaba Palafox moribundo. Al resto de la población se les obliga a asistir al Te Deum que se dio en el Pilar para celebrar la victoria francesa, uno de los generales franceses Dau- devard de Ferussac, criticó esta actuación.

Firmada la capitulación, salieron el día 21 por el Portillo, después de 60 días de sitio desde sus inicios el 21 de diciembre, unos diez mil defensores, entre habitantes y tropa, desfilando por delante de Lannes, dejaron las armas al pie de la Aljafería, los sitiadores quedaron estupefactos ante aquellas figuras humanas que desfilaban delante de ellos, los cuales mantenían la mirada desafiante, con ese orgullo que da el coraje nunca doblegado, su dantesco aspecto simulaban más figuras fantasmagóricas que portentosos soldados que supieron dar el pecho y vencer con su resistencia a la invencible tropa imperial. Pero no fueron ellos los únicos sorprendidos, los Sitiados también quedaron boquiabiertos al darse cuenta del escaso número de atacantes, se decían de haber conocido esta noticia las tornas hubieran cambiado y serían ellos los que hubiesen desfilado ante nosotros. El mismo día entraron los franceses en Zaragoza por la Puerta del Ángel profundamente impresionados ante el terrible espectáculo que por todas partes se ofrecía a sus ojos.

Son dignas de leerse las relaciones que hicieron el mariscal Lannes, los generales Brandt, Daudevard de Ferussac, Belmás y otros testigos presenciales. Según Brandt: “...La plaza del Pilar, ofrecía uno de esos cuadros que no se olvidan jamás. Estaba llena de mujeres y niños orando, de féretros, y de muertos para quienes habían faltado féretros. En algunos sitios había hasta veinte ataúdes apilados los unos sobre los otros… He asistido a muchas escenas de carnicería; he visto el gran reducto de la Moscowa, uno de los más célebres horrores de la guerra… en ninguna parte he sentido la emoción que allí. Y es que el espectáculo de la tortura es mucho más doloroso que el de la muerte”. Para Daudevard: “Los primeros días después de la toma de Zaragoza, antes de que verificase su entrada el Mariscal, era casi imposible transitar por las calles de la ciudad. Un aire pútrido e infecto nos sofocaba, las calles cerradas por los escombros o las piezas de artillería, obstruidas por las barricadas y los fosos que las cortaban; y por todas partes cadáveres de hombres y de animales…”. El metódico Belmás, acabará diciendo: “La ciudad ofrecía un aspecto horrible. Se Respiraba en ella un aire infecto que ahogaba. El fuego, que aún consumía varios edificios, llenaba la atmósfera con una espesa humareda. Los barrios atacados no presentaban sino montones de ruinas mezcladas con cadáveres y restos humanos esparcidos por ellas…”.

Habían perecido unas 52.000 personas, conquistando la heroica ciudad, con su defensa sobrenatural, gloria imperecedera. Su posesión había costado a los franceses la pérdida de 8.000 hombres; de oficiales de Ingenieros, resultaron 12 muertos y 15 heridos; los Zapadores tuvieron 156 bajas; su Artillería hizo 32.700 disparos de cañón, obús o mortero, habiendo consumido 69.325 kilogramos de pólvora, y además 9.500 kilogramos en las minas. Una de las cláusulas de la rendición era que todos aquellos que juraran fidelidad al rey y el emperador seria libres, la expedición a Francia de prisioneros de Zaragoza era muy cuantiosa de la escasa supervivencia de 10 a 12 000 hombres y mujeres, el resto fue víctima de la peste ello demostró que preferían la esclavitud física a la moral. De 53 a 54.000 por lo menos la mitad eran vecinos paisanos y la otra, militares, la mayor parte de cuerpos formados. El emperador en su exilio, declaró: “Esta maldita Guerra de España fue la causa primera de todas las desgracias de Francia. Todas las circunstancias de mis desastres se relacionan con este nudo fatal: destruyó mi autoridad moral en Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados ingleses… esta maldita guerra me ha perdido”. Ronald Fraser, La maldita guerra de España. Historia social de la guerra de la Independencia, prólogo 1808–1814

Zaragoza a 15 de marzo de 2009

 

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